Columnistas

El cartel del papel higiénico

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19 de abril de 2016

Como los delincuentes de la peor laya para ocultar su identidad, alias los Feos, los Pitufos, las Rosas y el Kiosko, se pusieron de acuerdo durante unos 14 años para esquilmar a los colombianos. En reuniones de clubes elegantes y con sus mejores prendas, ejecutivos aseguraron en casa y a sus secretarias que iban para reuniones importantísimas de trabajo; no dijeron que iban a planear, igual que una banda delincuencial, la forma de obtener ‘dinero fácil’ a costa de otros, tal y como hacen los politiqueros corruptos, los traquetos, los ladronzuelos.

Ahora el Gobierno no solo tiene que combatir contra los combos, las bacrim, los guerrilleros y los paracos; a través de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC), también tiene que combatir a aquellas empresas ‘legales’ que, desbordadas por la ambición, se unen para hallar la forma fraudulenta de aumentar sus ya altas ganancias. La misma mentalidad ambiciosa de los traquetos, la mentalidad de cualquier cartel.

Esto deduzco del resultado de la investigación contra las empresas Kimberly (alias el Kiosko), Familia (alias los Feos), Papeles Nacionales (alias los Pitufos) y Cartones y Papeles de Risaralda (alias Las Rosas) que se amangualaron para poner altos precios a un artículo de primerísima necesidad, como el papel higiénico. Y en Colombia la gente comentando la escasez en Venezuela, ajena a la burla que le hacían estas empresas al ponerla a pagar más de lo necesario, para ellas aumentar desmesuradamente sus ganancias, demostrar una operación exitosa y una habilidad profesional ‘impecable’. Mentalidad ambiciosa de cartel.

Ya me imagino en su momento a esos ejecutivos (quizá presionados por sus jefes para demostrar resultados, igual que en los falsos positivos, lo que no los hace menos responsables), renegando de la corrupción de los Nule. También la semana pasada la SIC concluyó la investigación al cartel de los cuadernos, donde participaron Kimberly, Carvajal y Scribe.

Me parece que una carta de perdón no es suficiente: propongo que los billones esquilmados (la SIC calcula entre $1,2 y $3,6 billones de ganancias adicionales; Semana, (2014 / 11 /29) sean devueltos al consumidor durante los próximos años, con un precio por debajo del de producción. La multa de $60 mil millones no debería llegar al Estado (corren el riesgo de perderse en burocracia y corrupción). A esa mentalidad ambiciosa que no teme la cárcel, lo único que le duele es el bolsillo. Y es de la única manera que entiende, aprende y que, quizá, podría hacerla cambiar.