Columnistas

El comunismo y lo otro

Loading...
15 de julio de 2017

Amable lector. En Rusia, Joseph Stalin (1879 – 1953) y en China, Mao Tse Tung (1893 – 1976), con excepción de Adolfo Hitler, fueron los mayores responsables de la muerte de millones de hombres, mujeres y niños.

Ambos de origen humilde, desde jóvenes se inclinaron por las ideas comunistas. Antes de llegar al poder absoluto, sufrieron duros maltratos de sus adversarios políticos. El uno y el otro, con un corazón de hierro, nunca percibieron el más mínimo sentimiento de piedad por los seres humanos, incluyendo los suyos.

Fueron crueles, sanguinarios y dispusieron de la vida de sus semejantes como les vino en gana. Más de uno afirmó que sentían placer con el sufrimiento de los demás. De Mao Tse-Tung cuentan que fue el más refinado torturando a sus víctimas.

Se tuvieron mutua antipatía y desconfianza. Gobernaron dos países de enormes extensiones de tierra y poblaciones numerosas. Aunque existían diferencias entre estos dos pueblos, la mayoría de sus habitantes eran campesinos y pobres.

Por caminos diferentes, el uno y el otro, a costa de privaciones y de eliminar a millones de almas, crearon las estructuras básicas para la producción masiva de bienes y servicios. Después de casi 10 décadas de padecimiento y vejaciones, parte de la población alcanzó un mejor bienestar, aunque el resto permanece en el olvido.

Hoy es difícil repetir ejemplos como estos. Entre otras razones porque es forzoso que haya un dictador, que sea el dueño absoluto de todo, incluyendo el derecho a la vida. Además porque el mundo actual, así los organismos internacionales poco hagan, de alguna manera limitan los excesos de antes.

Es verdad que en nuestro medio hay personas que no tienen ningún escrúpulo para cometer las mayores atrocidades. Sin embargo, un régimen comunista, como los de antaño, exige un protagonista que tenga la capacidad de hacer construir bienes duraderos, que garanticen a las generaciones futuras acceso no solo a la educación y a la salud, sino al bienestar general.

La extrema izquierda, con relativa facilidad, como en el caso de Venezuela, llega al populismo. En pocas palabras, es igual a las fuerzas desordenadas de la naturaleza, que a su paso todo lo destruyen. Basta agregar que gobiernos como este, la corrupción es igual a la nuestra, pero en pocas manos.

Quizá sea preferible continuar con una frágil democracia, así se tenga una justicia en vía de extinción y congresistas que reciben al año cerca de $500 millones. Algo se podría mejorar, reduciendo el número siquiera a la mitad con un salario igual, siempre que demuestren, que por fuera, con el sudor de la frente, serían capaz de ganarse una suma similar o superior.

Siento temor que en el caso del doctor Gustavo Villegas R, la justicia se haya equivocado. Un agricultor se enmugrese las manos con la tierra, el que cuida vacas con la boñiga y el mecánico con la grasa. Un buen jefe de seguridad, es forzoso que hable con los delincuentes, si no no lo hace, es como un pescador pescando en la arena.