Columnistas

El desastre tras los desastres

Loading...
07 de abril de 2017

Poco a poco el país despierta ante la nueva realidad. En no pocos casos advertido por las decisiones ciudadanas.

No es un despertar suave, aunque muchos quieran permanecer dormidos ante esa realidad: las montañas, los ríos y la naturaleza están manifestándose ante lo que vanamente la insensatez humana les ha quitado o tocado. Mocoa solo es el último ejemplo.

Muchos quieren seguir dormidos sobre ese modo de vida nociva, porque el poder económico los anestesia. Por eso el ciudadano comienza a manifestarse y lo hace como en Cajamarca, diciendo no a que le dañen sus recursos que les dan vida.

Cualquier actividad humana impacta el entorno. Es lógico. También que hay que proveer bienes para una población creciente. Pero no menos lógico, y es lo que gobernantes y muchísimos empresarios no han querido entender, es que hay sitios que no se pueden tocar. No, porque el daño es mucho mayor que los beneficios económicos. Más cuando ese beneficio con frecuencia lo obtienen quienes no viven acá ni tienen que padecer una naturaleza destrozada.

Que se demore o niegue una licencia ambiental. El grito no demora: se frena el progreso nacional, un progreso que en no todos los casos es tal. Hoy no.

Construir carreteras en la Amazonia no se puede. Las construidas han acelerado la deforestación de una región que no se debe tocar. Se debe aprovechar pero de otra forma, sin hacerle daño. Y así con los demás recursos naturales.

Los ríos se manifestaron en Mocoa, y al tiempo el Magdalena en su curso medio. Advertidos como están los gobernantes de las consecuencias de la transformación de cauces y la ubicación de viviendas en las riberas, de lo costoso de las emergencias, no actúan ni ordenan el territorio como lo manda la ley.

Bien lo dijo Procuraduría y lo reforzó Minambiente (que a veces también ha sido laxo): los temas ambientales están relegados a segundo plano. Creo que a quinto o sexto.

Siendo que el cambio climático y el uso adecuado de nuestros recursos naturales así como el bienestar de todas las manifestaciones biológicas alrededor nos afectan a todos, no se entiende cómo no son asuntos sobre los que se planea y desarrolla una gestión, sea municipal, departamental o nacional. Y como los gobernantes no actúan, los ciudadanos se expresan cada vez más y se hacen escuchar.

Lo triste es que ya no hay tiempo de evitar otros Mocoas en el corto plazo.