Columnistas

EL DESGOBIERNO

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25 de mayo de 2018

Según el artículo 2° de la Constitución Política las autoridades de la República están instituidas para defender a todos los habitantes en su vida, honra y bienes. Por su parte los artículos 113 y 189 del mismo Texto Superior disponen que el Presidente de la República es Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y Suprema Autoridad Administrativa. Quiere decir que en un sistema presidencialista como el nuestro, el Presidente es titular de las tres grandes jefaturas que integran el poder superior del Estado.

Ahora bien, tener esa triple titularidad no sólo implica un honor para quien resulte elegido para la primera magistratura del país, sino una especial responsabilidad que comprende el ejercicio de competencias y obligaciones necesarias para dar respuesta a tan alta jerarquía. En este orden de ideas, la ciudadanía siempre espera que SU Presidente esté al frente de los grandes asuntos nacionales, que sea el gran tutor y coordinador en la solución de los problemas cruciales y que tenga el equilibrio y liderazgo necesarios ante cualquier evento de trascendencia.

Esto no ocurre en la actual coyuntura. El Presidente Santos, si se quiere el Gobierno Nacional, se destaca por su lamentable ausencia en los grandes temas, conflictos y problemas nacionales. Con respecto a lo sucedido en el proyecto Hidroituango, se ha presentado una oportuna y diligente respuesta por parte de las autoridades departamentales y municipales, así como por los distintos frentes de las Empresas Públicas de Medellín. Sin embargo, ha sido notoria la ausencia del Jefe de Estado. A diferencia de lo ocurrido en Chile cuando la catástrofe en las minas, donde el presidente chileno se hizo presente y ejerció un destacado liderazgo, en el actual percance el presidente Santos sólo apareció de manera lejana muchos días después de ocurrida la emergencia.

El desgobierno o ausencia de gobierno también se observa en otros campos de la vida nacional; por ejemplo, en el sector educación, se acaban de suspender las Pruebas Saber para los grados 3, 5 y 9, sin explicación alguna por parte del alto gobierno y con efectos nefastos en materia de planes de desarrollo, evaluación y control de la calidad en los diferentes planteles de educación. También hay ausencia de gobierno en el manejo del sistema penitenciario, es un absurdo que al alcalde de Medellín se le pida suspender su lucha contra la delincuencia debido a que por ausencia de una política carcelaria, no hay suficientes centros de reclusión. No existe una clara política criminal para juzgar casos como el de exguerrilleros vinculados al narcotráfico.

No hay parámetros financieros claros que permitan identificar los costos y consecuencias que para el sector universitario y hospitalario tendrá el nuevo tratamiento remunerado de los residentes. Tampoco existe una política seria y coherente con respecto a los inmigrantes llegados a Colombia como producto del conflicto social y político de Venezuela.

En estos y muchos otros casos la única conclusión y propuesta es que el domingo 27 los colombianos votemos, mínimo para volver a tener gobierno.