Columnistas

El Dinosaurio

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27 de diciembre de 2018

Por David González Escobar
Universidad EAFIT
Facultad de Economía, 4° semestre
davidgonzalezescobar@gmail.com

El 6 de diciembre se cumplieron 20 años desde que Chávez ganó sus primeras elecciones presidenciales en Venezuela. La noticia me cayó como baldazo de agua fría. Nunca había reflexionado a fondo sobre la monstruosa longevidad del régimen que habita el Palacio de Miraflores.

Nací en Venezuela, pero con apenas 5 años abandoné este país, siendo la llegada del gobierno de Chávez uno de los principales motivadores para volver a Colombia. Con ningún vínculo familiar y pocos vínculos de amistad en Venezuela, mi vida pudo desarrollarse al margen de lo que ocurría en el país vecino, por lo que solo hay dos cosas que me relacionan con mi país de origen: algunos recuerdos, alegres e inocentes desde la perspectiva de un niño, y el hecho ineludible de haber nacido allí.

Por estos lazos, los eventos que se reportan en los últimos años desde Venezuela no logran pasarme desapercibidos: videos de gente en las calles peleando por comida y las imágenes de niños en estado de desnutrición, su moneda cada vez más inservible, los testimonios de violencia en ciudades que parecen encontrarse prácticamente en estado de naturaleza, los cierres frecuentes de compañías como muestra de la progresiva destrucción del sector privado en el país o, más notorio en nuestro día a día, la migración masiva de venezolanos por todo el continente.

El despilfarro que sus gobernantes le han dado por tantos años a sus riquezas ha llevado a Venezuela a estos extremos. Además, en el afán de mantenerse en el poder y perpetuar sus excesos, el régimen actual contribuye cada día más a agravar la miseria de su población, sin parecer que tengan algún límite en su accionar.

Lo realidad por la que pasa hoy Venezuela, chocando complemente con mis felices recuerdos de niño, tiene para mí un carácter casi surreal. Es duro aceptar que lo verdaderamente surreal deben ser las imágenes que quedan en mi memoria.

Por más que a veces parezca que aquel régimen insostenible esté a punto de desmoronarse, en mis 20 años de vida siempre han terminado evitando su destrucción, dándole una oscura lección al resto del mundo. Por esto, cada vez veo más lejanos los deseos que tiene el niño venezolano dentro de mí respecto a aquel régimen: despertarse y que el dinosaurio no esté allí.

*Taller de Opinión es un proyecto de
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