Columnistas

El disfraz de los gobernantes

Loading...
20 de octubre de 2017

Si nuestros gobernantes se disfrazaran (tal vez aprovechando el mes) y salieran solos, de incógnito, sin su séquito de funcionarios (y varios aduladores) se encontrarían con ciudades o regiones muy distintas a las que ven desde sus oficinas y en los recorridos oficiales.

Una cosa piensa el burro y otra el que lo enjalma. Porque una cosa son los informes oficiales y otra lo que se escucha al ciudadano del común hablando en su ambiente diario.

El funcionario resalta cómo ha bajado la delincuencia, el de a pie comenta que no anda ya tranquilo por casi ningún sector o que un conocido, si no es él, es extorsionado.

Las cifras oficiales mencionan la cantidad de huecos tapados en las calles, quien conduce se encuentra con uno y otro en su camino.

El reporte gubernamental habla de los colegios con plantas física reparadas, los papás y maestros se quejan por el estado de la mayoría.

Así cada uno de los asuntos que debe atender un gobernante. Da la sensación de que hoy se gobierna para la imagen, para que la encuesta de opinión salga alta y en eso se concentran esfuerzos y no pocos recursos.

Se alimenta con cifras. Solo importan estas, como referimos hace poco. El número de kilómetros pavimentados, la cantidad de huecos tapados, las escuelas pintadas, los computadores entregados, los árboles sembrados.

No se habla del total, del universo del sector ni de si el trabajo resolvió un problema.

Por ejemplo, se reveló con satisfacción la siembra de unos 170.000 árboles, menos de 3.000 en área urbana que es donde se necesitan más. Y no es que en las rurales no se necesiten, pero es en la ciudad metropolitana donde vivimos 2,5 millones de personas que no aguantamos el calor ni la polución ni las inundaciones porque no hay nada que ataje el agua.

Menos de 1.000 árboles en zona urbana de Medellín es para llorar.

¿Cuántos árboles sobreviven? Uhmm... No se informó.

A esta forma de gobernar, súmele otro problema: el gobierno desde cómodas oficinas en las que se decide el futuro de regiones o veredas lejanas de la centralidad. Un modo que en general trae más líos de los que soluciona. Pero queda a la vista la eficiencia, se suman las cifras, se mira la encuesta de opinión y listo.

Deberían disfrazarse de vez en cuando.

Maullido: que el tranvía haya tenido 114 incidentes en dos años habla mal de la cultura de los medellinenses.