Columnistas

El elefante paisa

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16 de diciembre de 2015

No se trata de una nueva criatura de la Hacienda Nápoles. O sí. Más o menos...

Hoy hace exactamente una semana, el portal periodístico la Silla Vacía publicó la nota “Luis Pérez, financiado por un político condenado por narcotráfico”: de acuerdo con el informe de Cuentas claras, la campaña de Pérez reportó doscientos millones donados por una compañía de la cual es accionista y gerente Luis Javier Castaño Ochoa, excongresista que perdió la curul por una condena por narcotráfico en los años 80.

¿Más detalles del patrocinador del gobernador electo? “Del nuevo representante antioqueño, amigo personal del exprocurador Orlando Vásquez Velásquez (preso), aseguran, personas que prefieren guardar su identidad, que fue asesor financiero y testaferro del extinto capo del cartel de Medellín Pablo Escobar [...]”. (Archivo El Tiempo).

Castaño Ochoa tuvo una cuenta conjunta en el Banco Ganadero con Carlos Alberto Gaviria Vélez, primo de Pablo Escobar. Dicha cuenta fue investigada tras la fuga de Luis Carlos Molina Yepes, quien pagó a los sicarios que asesinaron a Guillermo Cano, director de El Espectador. (Archivo El Espectador).

Vale recordar que, en diciembre de 2014, Luis Pérez estuvo en el parque de Bello celebrando al son de mariachis la salida de la cárcel del exsenador Óscar Suárez Mira, quien pagó una condena por vínculos con paramilitares. (Ver: https://www.youtube.com/watch?v=TkMrlegr4uo ).

Es claro que los periodistas no somos jueces pero sí tenemos la obligación de hacerle preguntas al entorno. No todo el que está preso es culpable ni todo el que anda libre es inocente. Bajo estas circunstancias, es difícil partir de la presunción de inocencia del gobernador electo.

Quienes votaron por Pérez merecen una explicación, así como quienes no lo hicimos (nuestros impuestos también pagarán su salario). ¿Por qué recibe favores de personas con antecedentes como los de Castaño Ochoa o Javier Restrepo Girona (de quien ya escribí en otra columna)?

Lo más degradante es el discurso que se revive y legitima con la elección de Luis Pérez. Si bien los llamados “dineros calientes” no han sido desterrados del ámbito público, el Proceso 8000 suscitó cierto recato en algunos sectores políticos. Los roces con la ilegalidad ya parecían generar un amplio rechazo en la política antioqueña...

Si los ingresos actuales de Castaño Ochoa provienen o no de actividades ilegales es algo que no me interesa discutir en estas líneas; el punto es: un mínimo decoro obligaba a Pérez a declinar los aportes de ese empresario.

Duele la formación ciudadana: el voto y el silencio cómplice que validan un discurso que venía en declive.

Monseñor Pedro Rubiano ideó la figura del elefante para referirse al presidente Ernesto Samper, incapaz de explicar el ingreso de dineros del narcotráfico a su campaña.

El cardenal podría perfeccionar su metáfora. No se trata de elefantes sino de dumbos: cuando salen al circo de la política colombiana terminan volando(se).

As bajo la manga: La Fundación Perpetuo Socorro recoge libros infantiles NUEVOS para los niños de San Antero, Córdoba. Donaciones: ceciliaechavarria @gmail.com.