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EL EMBROLLO ECONÓMICO DE TRUMP

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15 de agosto de 2015

Por Steven Rattner

Los puntos de vista económicos de Donald Trump pueden no haber atraído tanta atención como sus comentarios misóginos, pero son igualmente intragables, y demuestran una falta de comprensión de la economía básica que es alarmante para un empresario billonario. No ha ofrecido nada específico más allá del eslogan “hagamos a América grande otra vez”.

Tome por ejemplo lo que parece ser su asunto número 1, el intercambio comercial. Trump cree que los chinos, entre otros, nos están engañando usando mano de obra barata, manipulación de la moneda y barreras al intercambio para favorecer sus exportaciones y limitar nuestras importaciones.

En la mente de Trump, aunque no en las mentes de los economistas serios, es por eso que hemos perdido cinco millones de empleos en el sector manufacturero desde el año 2000.

Los chinos sí son proteccionistas, pero un cambio en empleos de manufactura era inevitable. Por siglos, a medida que los países se han desarrollado, la ubicación de los empleos ha cambiado dependiendo de la ventaja comparativa. Es más, muchos de estos empleos no se perdieron a otros países sino al aumento de eficiencia, así como el empleo en la agricultura en los Estados Unidos ha decaído incluso mientras la producción ha aumentado.

No hay política que pueda reversar fuerzas tectónicas de esta magnitud y al sugerir que hay remedio, Trump cínicamente está engañando al público americano. Aún peores son sus nociones en cuanto a cómo recuperar empleos en casa, en particular su llamado para tarifas enormes. En varias ocasiones ha propuesto recaudaciones de 25% sobre importaciones de la China y 35% sobre vehículos Ford ensamblados en México. Eso elevaría los precios de manera significativa para los americanos y desataría medidas vengativas.

Otro principio de su política de intercambio comercial sería un dólar más débil, lo que desalentaría importaciones al volverlas más costosas y aumentar la competitividad de las exportaciones americanas. Sin embargo un dólar más débil depende de tasas bajas de interés americanas y Trump por separado ha denunciado la política monetaria expansionaria de la Reserva Federal.

En esa crítica Trump se ha alineado con una flotilla de conservadores acérrimos, quienes por años han alegado que mantener las tasas de interés cerca de cero casi seguramente desatará burbujas de activos e inflación desenfrenada. Hasta el momento esa visión ha demostrado ser totalmente equivocada. Tasas de interés bajas han ayudado a nuestra recuperación económica y no solo no se ha visto por ningún lado la inflación, sino que los precios de barómetros claves, como comodidades y energía, están cayendo.

La lista de las ideas mal concebidas de Trump sigue y sigue: no debemos incrementar el salario mínimo, el cual está bien por debajo de niveles históricos después del ajuste por inflación. Impuestos corporativos deben ser eliminados. El calentamiento global es una fantasía.

Cuando se ve retado en cuanto a sus ideas más excéntricas, Trump recurre a una actitud arrogante con comentarios como “eso me lo tiene que dejar manejar a mi, bien?”

Algunas veces Trump ataca sin realmente estar en desacuerdo. Supongo que una inconsistencia tonta también puede ser el duende de una gran mente.

Cuando se trata de presupuestos, las cifras de Trump, si alguna vez entregara alguna, no suman lo correcto, él quiere construir infraestructura, fortalecer la defensa y el Departamento de Asuntos de Veteranos, reducir impuestos y proteger a la Seguridad Social y Medicare de cualquier recorte, todo mientras se proclama como un conservador fiscal.

En el debate republicano Trump, quien ha visto cómo cuatro de sus compañías se hunden en la bancarrota, dijo refiriéndose a la montaña de deuda del país: “necesitan a alguien como yo para arreglar ese desorden”.

Recientemente confrontado por un periodista sobre sus prescripciones políticas, Trump respondió: “Usted se pondrá feliz, créame. Se pondrá feliz”.

Yo me pondré feliz cuando se baje del escenario.