EL ESTADO ISLÁMICO DESPUÉS DE MOSUL
Por Hassan Hassan
redaccion@elcolombiano.com.co
En la medida que una alianza de fuerzas iraquíes y curdas presiona para retomar la ciudad de Mosul de manos del Estado islámico, no debe haber duda sobre lo que el grupo piensa hacer. Luchará hasta el amargo final para defender a su baluarte más populoso y simbólico. Al fin y al cabo, fue en Mosul donde Abu Bakr al-Baghdadi - el líder de la ciudad por dos años antes de convertirse en el líder del Estado Islámico en 2010, declaró un califato desde el púlpito de una icónica mezquita del siglo XII.
Si el Estado islámico pierde a Mosul, el grupo tiene un plan de contingencia claramente articulado, una estrategia que frecuentemente ha comunicado en múltiples plataformas en el transcurso de los últimos cinco meses: inhiyaz, o retirada temporal, hacia el desierto.
La palabra “inhiyaz” apareció en mayo, en el último discurso dado por Abu Muhammad al-Adnani, el vocero del grupo, quien fue asesinado por un ataque aéreo americano en agosto. Al-Adnani explicó que las pérdidas territoriales no significan derrota y que los militantes lucharían hasta el final y luego se retirarían hacia el desierto, preparando para el regreso, tal como lo hicieron entre el 2007 y el 2013.
Varios medios del Estado Islámico cubrieron el tema. Al-Naba, el boletín noticioso del grupo, publicó un artículo sobre el tema en agosto recordando cómo los militantes del Estado islámico de Irak, el predecesor del Estado Islámico, sobrevivió después de que fueron perseguidos fuera de ciudades iraquíes luego de la ola de tropas americanas y la insurrección tribal conocida como el Despertar.
Aunque la mayoría de los militantes se retiraron, según el artículo, docenas de operativos permanecieron para fomentar una campaña de terror. El artículo explica, correctamente, que la campaña de seis años de los yihadistas agotó y fragmentó a grupos sunitas iraquíes, haciendo más fácil para el Estado Islámico controlar a los núcleos sunitas cuando regresó en 2013.
Oficiales iraquíes ya ven señas de lo que podría significar una retirada del Estado Islámico hacia el desierto. Dos oficiales de seguridad en Salah ad Din, una provincia al norte de Bagdad, dijeron en recientes entrevistas para la televisión que el Estado Islámico estaba regresando a áreas liberados desde diciembre de 2014, reclutando a nuevos miembros y organizando ataques de atropello con fuga y suicidas en áreas pobladas.
Así como en la Península Sinaí de Egipto y el noroccidente rural de Pakistán, las agobiadas fuerzas de seguridad no son capaces de mantener control.
Como lo recuerdan líderes del Estado Islámico, esto es lo que sucedió después de 2007. El desierto se convirtió en una base, principalmente para luchadores extranjeros, mientras que los iraquíes quedaron atrás. La presencia del grupo en áreas rurales también permitió que el grupo rellenara sus cofres con robos y extorsión. Los militantes centraron sus ataques en los adversarios tribales y las fuerzas de seguridad iraquíes, sembrando desconfianza y miedo, haciendo que las condiciones fueran excelentes para su regreso seis años después.
Pero esta vez las condiciones son aún más conducentes hacia la reconstrucción del Estado Islámico. Ahora Irak está más fracturado política y socialmente que en ese entonces. Y, como me lo dijo un iraquí quien participó en los Consejos del Despertar, ahora no hay ningún grupo sunita que pueda llenar el vacío que dejó el Estado Islámico. El conflicto en Siria complica aún más la situación: Incluso si el Estado Islámico es eliminado de áreas poblados en ambos países, la frontera desértica abierta entre ellos hará al grupo difícil de perseguir.
La guerra contra el Estado Islámico no es ganable sin llenar el vacío político y de seguridad que ahora existe en gran parte de Irak. La eventual retirada del Estado Islámico de Mosul será una victoria muy necesaria para el país. Pero si el gobierno en Bagdad no permite que los sunitas iraquíes llenen ese vacío, volverá a emerger desde el desierto.