EL FRAUDE CORPORATIVO MERECE TIEMPO EN LA CARCEL
Por ROBERT H. TILLMAN Y HENRY N. PONTELL
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Nos estamos empezando a dar cuenta de lo costoso que puede ser violar la ley. Diez años después de que ejecutivos de Volkswagen primero decidieron hacer trampa en pruebas de emisiones para algunos de sus modelos diésel, la compañía acordó pagar casi 15 billones de dólares en demandas en los Estados Unidos.
Volkswagen aún enfrenta investigaciones por cargos estatales y federales en Estados Unidos y más alrededor del mundo; las ventas de carros VW han colapsado, y la reputación de la compañía que en un entonces fue impecable ha sido manchada para siempre.
Así que dado el resultado, ¿por qué los ejecutivos de la compañía decidieron hacer trampa y qué nos puede decir esto sobre prevenir el crimen corporativo en el futuro?
Estas no son preguntas académicas. La ausencia de datos confiables hace difícil señalar con exactitud el impacto del fraude corporativo. Un análisis reciente estimó los costos anuales de apenas un tipo de crimen de cuello blanco, el fraude de seguros corporativos, en 380 billones.
Afortunadamente, la investigación sobre el crimen callejero nos da alguna idea sobre el crimen corporativo. Hay dos dimensiones fundamentales de disuasión: la certidumbre del castigo y la severidad del castigo. Básicamente, seré descubierto, y si lo soy, ¿cuán grave será el castigo?
La investigación sobre criminales callejeros demuestra que la primera dimensión, la certidumbre de la detención, tiene un efecto disuasorio más fuerte. Mientras más piensa la persona que será arrestada por un crimen, es menos probable que lo cometa.
La decisión de VW de hacer trampa estuvo basada en parte en la suposición que la probabilidad de que los descubrirían era muy baja. Ciertamente la compañía tenía poca razón para temer descubrimiento en los Estados Unidos, donde los reguladores del gobierno han sido lentos para reaccionar ante sospechas de defectos de diseño, volviendo a los infames Ford Pintos explosivos de los años 70.
Y fue relativamente fácil engañar a las pruebas de emisión de la Agencia de Protección Ambiental, las cuales tienen lugar en un laboratorio. La decepción de la compañía fue descubierta por casualidad cuando una organización sin ánimo de lucro llamada el Consejo Internacional para el Transporte Limpio dio una beca a investigadores de la Universidad de West Virginia para hacer pruebas a emisiones cuando los carros estaban en las carreteras.
La segunda dimensión disuasoria es la severidad del castigo. De nuevo aquí, Volkswagen creyó que tenía poco que temer. Tan tarde como en el 2015, cuando autoridades estadounidenses ya habían empezado a investigar, la compañía “fue aconsejada”, según explicó a accionistas, que la multa récord por la falsificación de emisiones era solo USD 100 millones.
Si queremos prevenir el crimen corporativo en serio, tenemos que cambiar el cálculo corporativo. Primero, tenemos que aumentar la probabilidad de que los criminales de cuello blanco serán castigados.
Segundo, los ejecutivos corporativos tienen que enfrentar la muy real posibilidad de cumplir penas en la cárcel y no simplemente pagar multas.
Tercero, las agencias regulatorias también tienen que tener una presencia más fuerte en los mercados y las industrias que vigilan.
Para detener el crimen, tenemos que darle la vuelta a ese cálculo a favor de la sociedad. Phil Angelides, el ex jefe de la Comisión de Investigación de la Crisis Financiera dijo que las multas relativamente pequeñas que pagan las corporaciones son comparables “con alguien que roba una tienda, se lleva $1000 y tiene la oportunidad de resolver el asunto con $25 y sin admisión de culpa alguna”. Añadió, “¿Lo harán de nuevo? Por supuesto, porque hacerlo paga”.