Columnistas

EL FÚTBOL SÍ QUE SE PARECE A LA VIDA

Loading...
16 de octubre de 2017

Ni riesgos de negar los merecimientos deportivos de los integrantes de la selección nacional de fútbol. Por eso están en el deber de ser ejemplares en su comportamiento dentro y fuera de las canchas. La gente, en especial la gente joven, los exalta a la condición de modelos de integridad. Por la más mínima falla pueden malograr ese atributo de héroes populares.

La repetidísima escena de Falcao tapándose la boca y acercándoseles a Tapia, Guerrero y otros jugadores peruanos y la inmediata paralización del partido entre Colombia y Perú en los tres últimos minutos, hacen presumir que no se jugó hasta el último instante para ganar, como lo preceptúa el código ético de Juego Limpio de la Fifa, sino que hubo un acuerdo para suspender hostilidades y congelar el marcador.

Ese episodio podría atribuírsele al desespero por la clasificación al Mundial de Rusia, a una ligereza del as colombiano, a un gesto amistoso e inocente con los rivales, a lo que sea, como también a una demostración de malicia y picardía. Es que el fútbol sí se parece a la vida, al modo de ser y la idiosincrasia de cada país, con sus virtudes y sus defectos. Una acción que viola los preceptos internacionales sobre el juego limpio, por leve y bien intencionada que pueda ser, deja un sabor agridulce de desconfianza y, en circunstancias como las de nuestra realidad actual, eleva la escala del pesimismo generalizado.

Si la corrupción en las tres ramas vencidas del Estado llegó a los extremos vergonzosos que se evidencian en las noticias de todos los días, así la ralentización concertada del partido en Lima no les parezca grave a muchos comentaristas febriles y felices por la clasificación, de todos modos es un incidente que no puede tener carácter ejemplarizante. Deja al descubierto lo que no debe hacerse, porque tanto en el deporte como en la vida misma lo ético es pensar y proceder sin cálculo ilegítimo de probabilidades, con absoluta rectitud de intención y de acción, pase lo que pasare.

Ya parece que el resultado de Colombia – Perú es inalterable. Habría sido preferible la repetición, al menos de los tres minutos finales, para evitar cualquier tipo de sospecha. ¿Que se aguaba la fiesta? ¿Que toda una legión de narradores, comentaristas y auxiliares se habría quedado sin conocer a Moscú? ¿Que se habrían perdido multimillonarias inversiones en publicidad y demás? Todo eso era posible. Pero como estamos en el tiempo del relativismo valorativo, del todo vale, de las trampas y los engaños institucionalizados, una simple falta de transparencia y juego limpio es irrelevante, comparada con todo lo que está pasando. El fútbol sí que parece un espejo de la vida real.