EL INFORME CHILCOT: CÓMO TONY BLAIR VENDIÓ LA GUERRA
Por Carne Ross
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El miércoles salió a la luz la publicación, años después de lo esperado, el informe oficial sobre la participación británica en la guerra en Irak del 2003. La investigación, liderada por el exfuncionario John Chilcot, revisó miles de documentos y entrevistó a más de 100 testigos, y el informe final tiene más de dos millones de palabras.
Sus descubrimientos son claros. El Gobierno británico, liderado por el Primer Ministro Tony Blair, exageró el caso a favor de la guerra y decidió tomar acción militar cuando aún no había agotado las alternativas.
Para muchos, esto llega como una confirmación de lo que ya creían. Quienes dijeron que Blair y su gobierno fueron “mal informados” por inteligencia defectuosa sobre armas de destrucción masiva antes de la guerra, se han quedado sin argumento: el informe Chilcot dice que el Sr. Blair presentó el caso de inteligencia con certidumbre que los datos no justifican. En cuanto a la ocupación, los 13 años de caos y violencia que los iraquíes han tolerado desde la invasión demuestran más allá de la duda la incompetencia e irresponsabilidad de quienes la planearon y organizaron.
Investigaciones públicas británicas como esta tienen un motivo oculto, el cual es asegurarle a la población que el Gobierno puede comprender y corregir sus errores. En el Parlamento, el primer ministro David Cameron dijo con gravedad que el informe sería estudiado y sus recomendaciones serían seguidas. Después de uno o dos días de indignación, el ciclo de noticias seguirá adelante.
El informe Chilcot en sí no implica responsabilidad. Es improbable que sigan procesamientos criminales, y afuera de las cortes, hay escasez de opciones para hacer que los culpables tomen responsabilidad. Tantas personas han muerto en el conflicto, al menos 250 mil personas desde la invasión.
Los ministros y oficiales que ayudaron a Blair a perpetrar esta catástrofe también tienen que tener algo de culpa. Valientes después del evento, muchos testificaron ante Chilcot que sabían que la guerra era un error, sin embargo la apoyaron. Pero sin ellos, no habría sucedido. La “amenaza” de armas de destrucción masiva fue repetida por muchos diplomáticos y oficiales incluso cuando estaban bien conscientes de que la escasa inteligencia que teníamos no podía corroborar la declaración.
La guerra activó violencia sectaria despiadada, exactamente como escuché que lo advirtieron oficiales británicos explícitamente en varias ocasiones en charlas británico-americanas a las que asistí antes de la invasión.
Hay más efectos devastadores de la invasión del 2003 que el informe Chilcot se abstiene de mencionar. Un matón llamado Abu Musab al-Zarqawi, una figura marginal en al-Qaida, fue elevado en la jerarquía yihadista cuando el secretario de Estado Colin Powell, en su notorio discurso pre-guerra ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, falsamente lo nombró como un terrorista aliado de Saddam Hussein. Como resultado, Zargawi ganó estatus como el enemigo declarado de América, una autoridad que explotó para convertirse en líder extremista de la insurgencia sunita en Irak.
Rompiendo con al-Qaida, fundó el grupo que se convirtió en el Estado Islámico, el cual hoy ocupa Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, y una gran cantidad de territorio a través de Irak y Siria, y solo esta semana asesinó a más de 200 civiles en bombardeos suicidas en Bagdad. El Estado Islámico ha inspirado masacres desde California hasta París y Estambul.
El belicismo es un proceso más sutil de lo que usted creería. Yo vi de cerca cómo las personas decentes colaboran en vender una guerra innecesaria. Creen que el gobierno tiene que ratificar su compromiso de ofrecer seguridad al pueblo ejerciendo el monopolio de fuerza del Estado.
El informe Chilcot revela mucho acerca del Gobierno y sus fracasos pero en gran parte ignora el asunto más grande. Los enormes sufrimientos y pérdidas del pueblo iraquí escasamente son mencionados; no hay un intento por contar los muertos.
Tampoco hay recomendación para la reparación al pueblo iraquí, y ni hablar de pedir disculpas. Para mi, éste debería ser el principal significado de un informe como este.