EL JUSTO CASTIGO CÓMICO DE ERDOGAN Y MERKEL
Aunque es un hecho frecuentemente ignorado en el resto del mundo, Alemania es un lugar chistoso, en serio. Mucho antes de que Jon Stewart y Samantha Bee redefinieron el humor de actualidad americano, los comediantes aquí perfeccionaron el arte de la aguda sátira política.
En su mayoría, los políticos alemanes entienden el chiste. Pero ahora la política y el humor están chocando en una nueva manera, una colisión que expresa la tragicomedia de la Europa moderna.
Hace unas semanas, el programa de televisión alemán “extra3” satirizó al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, con una canción, lo que llevó a que el gobierno turco invitara al embajador alemán en Ankara para una conferencia, presumiblemente, sobre su postura en cuanto a los límites de la libre expresión.
No mucho tiempo después, el comediante Jan Böhmermann, satirizando el debate resultante sobre lo que está permitido en el humor político, leyó un poema en su propio programa “Neo Magazin Royale”. El poema, el cual leyó delante de una bandera turca, era sobre Erdogan y, entre otras cosas, lo que tal vez haría con cabras. Era una provocación descarada con un giro inteligente.
Como respuesta, Turquía exigió que el gobierno alemán permitiera la acusación de Böhmermann bajo una oscura ley contra insultar a un jefe de estado extranjero. El viernes, la canciller Angela Merkel dio autorización, abriendo paso a procesos judiciales criminales.
Periodistas, representantes sindicales y políticos prominentes, incluyendo a los socios de coalición de Merkel, los social-demócratas, criticaron su decisión. El manejo de la canciller Merkel de la crisis ha sido terrible y muestra que está perdiendo su control del poder”, escribió la revista Der Spiegel.
¿Por qué elegiría Merkel a Erdogan por encima de la libre expresión de sus propios ciudadanos? Una razón: el reciente acuerdo entre la Unión Europea y Turquía para detener el flujo de refugiados entrando al continente. Bajo el acuerdo, aquellos que sean cogidos cruzando el mar entre Turquía y las islas griegas ahora son enviados de regreso a cambio de un pago de 3 billones de euros y el compromiso de Europa de recibir hasta 72.000 refugiados sirios adicionales.
Se suponía que el acuerdo iba a solucionar todo: una respuesta relativamente humanitaria que suavizaría el sentimiento de extrema derecha en Alemania y apaciguaría a Turquía, con bajo costo a la canciller. Era un modelo de realismo político, con un toque de cinismo político. Como lo vio Merkel la alternativa a enviar de regreso a los refugiados era la inercia política como mejor opción, y el cataclismo político como la peor.
Pero lo que parecía un avance en política se convirtió en un albatroz político. Si Merkel se hubiera negado a procesar a Böhmermann, Turquía se podría haber retirado del acuerdo. Ella ha optado por la segunda mala opción, manchando sus propias virtudes liberales.
Böhmermann consiguió lo que quería: el payaso ha demostrado a los poderosos cuán impotentes pueden ser. Pero el asunto también resalta las fallas del mismo acuerdo con Turquía.
Merkel ha tenido un descanso de los críticos dentro de su propio partido, pero el acuerdo ha destapado un frente nuevo, con el centro izquierdista atacándola por consentir a las demandas de Erdogan.
Pero lo que el asunto Böhmermann muestra de manera más admirable es que el acuerdo fue hecho por las razones equivocadas en el tiempo equivocado. Fue una reacción de pánico. Merkel estaba bajo enorme presión política; su partido, los demócratas cristianos, acababan de sufrir contratiempos en tres elecciones estatales. Otros líderes europeos están enfrentando problemas similares.
Europa llegó a la mesa discutiendo y desesperado, no como un socio sino como un pordiosero. Ahora Erdogan sigue tratando a Europa como tal. A los realistas políticos les encanta citar la teoría de juegos para justificar sus decisiones; si hubieran abierto los libros para refrescar un poco el conocimiento, fácilmente habrían podido pronosticar este resultado.
Claro que la alternativa no puede ser ignorar a Turquía; la crisis de refugiados ha traído a los conflictos del mundo a nuestras puertas. Alemania -y Europa- necesitan a Turquía. Y Alemania y Europa probablemente tendrán que llegar a más de un acuerdo con Turquía en el futuro, y tendrán que cooperar con estados autócratas en muchos otros asuntos.
Pero la moraleja de esta historia sobre ser menos moralizadores es esta: si usted está dividido y débil, no tiene sentido dárselas de fortachón en política extranjera. Esperemos que la próxima vez el payaso no solo baje los humos de los poderosos, sino que también los ilumine.