El lento proceder de la ley
Por Johana Saldarriaga Rendón
Universidad de Antioquia (S. Suroeste)
Facultad de Com. Social, 5° semestre
@johasalda
La violencia contra la mujer se da de forma continua en el país. Hasta junio de 2015, medicina legal reportó 1.007 asesinatos de mujeres y 16 mil casos de violencia sexual denunciados. La cifra es alarmante, por eso tenemos una maravillosa Ley 1257 de 2008 que protege de la violencia y del daño físico, psicológico, sexual y patrimonial a esta, por su condición de mujer.
Pero del machismo hemos pasado al feminismo. La ley se ha hecho tan protectora que ante cualquier denuncia la voz de la mujer es como la voz de Dios. ¿Ha quedado entonces en el pasado el artículo 13 de La Constitución Política de Colombia, donde todos somos iguales ante la ley, “recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozará de los mismos derechos, libertades y oportunidades”? ¿Y ante las violaciones de los derechos del hombre como hombre y como padre qué ley los defiende a capa y espada? ¿Será que el hombre no sufre de daño, principalmente del sicológico, ante una falsa acusación de una mujer, que puede llevarlo a la cárcel?
La astucia prevalece en algunas mujeres y más cuando la ley está de parte de nosotras. Casos como este: una mujer le es infiel a su esposo, él se va de la casa. Meses después él comienza a salir con otra mujer y ella la agrede. La esposa infiel aprovecha las lesiones que le causó la riña y demanda a su excompañero por maltrato intrafamiliar, ya que no se ha llevado a cabo el divorcio. La Fiscalía considera como prueba principal el dictamen médico y la versión de quien demanda. Ha pasado un año y cuatro meses desde que la mujer puso la denuncia y el demandado aún espera una respuesta.
La libertad de un hombre a quien se le presume la inocencia hasta la etapa de juzgamiento, en las manos de una ley que se demora en proceder. ¿Cuánto tiempo debe cargar un hombre con una acusación falsa a su espalda? Y aunque conozca de su inocencia, muchos han ido a parar a la cárcel esperando que se resuelva su situación o en el peor de los casos terminan pagando una condena por hechos de los que no son responsables, viviendo una experiencia y perdiendo un tiempo que ni la reparación alcanza a remediar.
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