Columnistas

El mal no visible del actual EE.UU.

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31 de julio de 2017

Antes de las elecciones en EE. UU. dije que creía conveniente para la recuperación económica de ese país la llegada de un gobierno republicano, aunque no creía que el candidato elegido por dicho partido realmente lo representaba y menos que fuera la persona indicada. Sin embargo confiaba en que dicho país, a pesar de las imperfecciones que cualquier democracia tiene al apoyarse sobre sujetos también imperfectos y no perfectibles, tenía la posibilidad de superar las falencias del candidato ganador, ya que EE. UU. es un sistema con presidente y no un presidente que manipula un sistema, como ocurre en nuestro país.

Los primeros meses del gobierno Trump empezaron a reforzar esta idea pues, a pesar de la retórica prepotente del empresario hecho presidente, vimos cómo lo que él prometió en campaña empezaba a tener obstáculos por disposiciones de judiciales e incluso por trabas surgidas desde su mismo partido. Su reforma de salud padece inmunodeficiencia severa y luego de dos intentos no ha podido pasar en el Congreso y pareciera que no hubiese forma de resucitarla, al menos este año. Tampoco veríamos este año la tan anunciada y ambiciosa reforma fiscal y si puede alcanzarse el año entrante, sería una versión muy descafeinada, casi tanto como las reformas “estructurarles” del Ministerio de Hacienda colombiano. El “muro” no encuentra ni cómo ni dónde ni con qué hacerse. Las sanciones a China quedaron aplazadas por la ilusión de que este país le resuelva el problema con Corea del Norte, como si China realmente quisiera que eso sucediera definitivamente.

Pero si el sistema institucional ha sido la fuente de tranquilidad para controlar y reducir las equivocaciones y pretensiones disparatadas del Ejecutivo, la ineficiencia más peligrosa del gobierno no se refiere a sus proyectos fallidos sino a que su desorden, incoherencia y falta de un proyecto general y amplio del manejo de lo público, está poniendo en riesgo silenciosa y lentamente el funcionamiento de las instituciones y del aparato estatal.

No sé si voluntariamente o no, la ineficiencia del gobierno está infectando al sistema que puede garantizar que el gobierno sea controlado. El servicio público está en manos de personas que no perciben claridad, con muchísimos e importantes cargos sin ser asignados. El gobierno está volando por piloto automático, en parte gracias a que cada estado está operando de acuerdo a lo que cada uno sabe y quiere, pero la ausencia de un plan de vuelo general y un tablero unificado de mando hace inviable que esto pueda extenderse en el tiempo.

Wall Street está de fiesta y los indicadores bursátiles están disparados, a mi juicio sin fundamentales sólidos que lo sustenten, tal vez confiados en que la pérdida de capacidad regulatoria del gobierno, voluntaria o no, les está dejando las manos más libres que antes. Pero los negocios se sustentan en la estabilidad institucional y puede que una burbuja esté inflándose mientras el presidente pelea por twitter con todos sus contradictores.