Columnistas

El matemático escritor

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13 de diciembre de 2018

No es la primera vez que escribo de un autor que he recomendado hasta el cansancio en muchos espacios de mi vida. Y hoy, como si fuera poco, pues quiero decir un par de cosas más sobre dos libros que podrían ser faros importantes por estos días: “Autobiografía” y “Por qué no soy cristiano”, de Bertrand Russell, un singular matemático y filósofo que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1950.

Durante mucho tiempo fue imposible encontrar, al menos en Colombia, la “Autobiografía”. Si mucho hallaba uno por ahí, en una librería de libros leídos, algún tomo maltrecho de sus memorias. Por fortuna, hace unos cuantos años, la editorial Edhasa editó en un solo libro los tres volúmenes que fueron publicados en Londres en 1967 (1872-1914), 1968 (1914-1944) y 1969 (1944-1967). La nueva edición mantuvo los prefacios a cada uno de estos libros, al igual que la posdata con que cierra el tercer volumen, que es una bellísima declaración hacia lo que regiría la vida de este lord, quien siempre se inquietó por el conocimiento como una forma de tratar de entender el corazón de los hombres y la inmensidad del universo, hasta saber si es posible crear un mundo más libre y feliz. “Autobiografía” muestra cómo Bertrand Russell, a pesar de los horrores del mundo, nunca dejó de creer en esos ideales.

De otro lado, “Por qué no soy cristiano” es un libro necesario en estos tiempos cuando el fanatismo religioso no da tregua. Aquí queda clarísimo cómo para él todas las religiones del mundo: el budismo, el hinduismo, el cristianismo, el islam, incluso el comunismo, son a la vez mentirosas y dañinas porque quieren mantener la fe a través del miedo; un miedo que la mayoría de creyentes heredan desde su infancia y que pocos temen refutar. Como dice Russell, la razón más poderosa e inmediata, después de esa tradición, es el deseo de seguridad, la sensación de que hay un hermano mayor que cuidará de uno. Los argumentos de Bertrand son fuertes e inteligentes, características fundamentales de este ser maravilloso que tenía claro que la sabiduría se manifiesta a través de la exposición diáfana de las ideas, no como muchos creen, a través de galimatías.

Ambas obras pueden ser un abrebocas a más libros de Bertrand Russell: “La sabiduría de occidente”, “Los caminos de la libertad”, “La conquista de la felicidad”, “Elogio de la ociosidad”, entre otros que son igual de iluminadores porque expresan muy bien lo mucho que él se preocupó por lo que en realidad como hombres debería preocuparnos: “El ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad”.