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El mejor colegio

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06 de diciembre de 2014

Hace varios meses, mi día empieza con un timbre que suena a las 7 y 10. Aunque estoy despierta desde antes del amanecer, a esa hora suelo tener la primera clase. En ese momento empieza un desafío: lograr que ese grupo de niños que me miran recuerde algo de lo que voy a decir, mostrar en el proyector o escribir en el tablero. Desde que me gradué en la universidad y además de contar historias, he sido profesora en un par de ciudades, he tenido maestros de varias nacionalidades y credos y he conocido colegios con niños de perfiles variados. Esta semana y a propósito de los escalafones que se realizan periódicamente para medir el rendimiento escolar en el país, hablaba con unos compañeros de trabajo sobre los colegios. Y surgió la pregunta: ¿cuál es el mejor?

Anualmente, la revista Dinero publica el listado de los mejores colegios en Colombia. Se considera como tal a aquellos cuyos estudiantes obtienen los máximos puntajes en las Pruebas Icfes. A este escalafón se suma ya otro elaborado por el grupo de investigación Sapiens Research Group, que evalúa a los colegios según los resultados de las pruebas Icfes de los últimos dos años, las acreditaciones internacionales y los certificados de calidad. Por otro lado están las pruebas Pisa que realiza la OCDE para evaluar el desempeño académico de estudiantes de quince años en varios países. Colombia ocupó el último lugar en la versión más reciente.

Para muchos, el éxito escolar se reduce ya a tener el mejor puntaje en el Icfes. Cada vez veo más padres de familia pendientes de los escalafones y compartiendo en las redes sociales los resultados. Y más si sus hijos hacen parte de la lista de exitosos. Incluso algunas instituciones educativas ya adaptaron toda su realidad para estar en los mejores puestos y dan prioridad a tareas y exámenes dejando tal vez en segundo plano el alma y felicidad de cada niño. Todos sabemos que el sistema educativo colombiano está atrasado si se compara con el de países como Finlandia, que lleva casi tres décadas en reformas y ya es modelo mundial. Es obvio que el éxito académico es básico pero ¿de qué nos sirven esos escalafones si seguimos escuchando casos de corrupción en empresas o instituciones donde trabajaron egresados de “colegios de élite”? El asunto es al revés: solo cuando la parte humana sea prioritaria y los niños no sean vistos como cifras o catalogados según su estrato, la educación en Colombia cambiará para bien. Porque como dijeron hace unos días un profesor y coordinador académico: el mejor colegio es aquel que saca lo mejor del espíritu de sus niños y maestros.

A Simone: Esta columna está dedicada hoy a Simone Adler de Vayda quien se fue de este mundo hace varias semanas. Hablaba varios idiomas, apasionada por la educación y los niños, conversadora fascinante y lectora fiel de librerías como Palinuro o Al Pie de la Letra. Llegó a Medellín huyendo de la Alemania Nazi y quería esta ciudad que la acogió. Mamá de Ricardo, Roberto y Ronny, fue una de las maestras pioneras del Colegio Theodoro Hertzl. Que su memoria sea bendita y recordada.