Columnistas

El melodrama de las cartillas

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14 de agosto de 2016

Con gritos, insultos, marchas de protesta, malentendidos, dolorosas confesiones personales y hasta oraciones apocalípticas como: “¡Dios mío, ven ya y acaba con este mundo!”: así acabó el debate sobre la revisión de los manuales de convivencia escolar que capturó la atención de los colombianos esta semana.

Fue un debate colombiano, en todo el sentido de la palabra. Un melodrama. “Hecho para el caos”, como dice la propaganda de un nuevo automóvil. Tiene razón Francisco Santos, uno más de la lista de ofendidos: “La rabia con que se ha librado muestra la necesidad de una gran cartilla de tolerancia para este país”.

Todo empezó los primeros días de agosto cuando el portal de internet Costa noticias, de Barranquilla, publicó un artículo asegurando que el Ministerio de Educación estaba distribuyendo en los colegios de la costa Atlántica una cartilla para “implementar las políticas de género en los planteles educativos del país”.

La noticia ̶ titulada “Indignación por cartillas de género con morbosidad en los colegios”̶ causó alarma entre los padres de familia y en pocas horas se difundió por las redes sociales hasta convertirse en tendencia en Facebook y Twitter en el resto de Colombia.

Pocas horas después, la ministra de Educación, Gina Parody, desmintió la información y atribuyó su origen a lo que llamó una “máquina de manipulación en redes sociales” y una campaña de desinformación puesta en marcha para “aterrorizar a los padres de familia”.

En realidad, la falsa cartilla resultó ser un comic publicado en 2006 en Estados Unidos, titulado “En la cama con David y Jonathan”, cuyo autor es el ilustrador belga Tom Bouden. El texto está escrito en inglés, no es para estudiantes y no fue publicado por el Ministerio. “Con el ánimo de confundir, tomaron una revista porno, con contenido homosexual, haciéndole creer a la opinión que serían distribuidas por el Ministerio” dijo la ministra.

La discusión subió de tono cuando la Procuraduría fue acusada de montar un complot para propagar la falsa noticia. El procurador delegado Carlos Mesa, señalado como uno de los responsables, respondió diciendo que lo único que hizo fue compartir con sus contactos una caricatura de un bebé, en la cual se sugería que para definir su sexo había que esperar al dictamen del Ministerio de Educación. Según sus palabras, se trataba de una broma con la que jamás pretendió ofender a nadie.

El expresidente Álvaro Uribe se sumó al debate con un mensaje en el que se declaró en contra de la llamada educación de género. Su intervención puso sobre el tapete el foco de la discusión: un documento sobre la revisión de los manuales de convivencia escolar ordenada por la Corte Suprema de Justicia en 2015, a raíz del caso del estudiante Sergio Urrego, un adolescente de 16 años que en 2014 se suicidó, abrumado por la discriminación que sufría en su colegio por su identidad sexual.

El documento se llama “Ambientes escolares libres de discriminación”, fue elaborado por varias entidades de la Organización de las Naciones Unidas y contiene preguntas orientadoras sobre “identidades de género no hegemónicas en la escuela”. Según el Ministerio, no es un texto oficial, está en construcción y se publicó para que los maestros participaran en su discusión. Sin embargo, su difusión provocó una nueva oleada de disputas entre funcionarios del gobierno, padres de familia, grupos religiosos y dirigentes políticos que convocaron a marchas de protesta en distintas ciudades de Colombia.

Pienso que este debate es saludable. Pero no estoy de acuerdo que un asunto tan importante como el de la educación sexual de nuestros jóvenes y niños sea tratado en medio de los gritos, las ofensas y el engaño para enrarecer los ambientes escolares y aprovechar el caos y el descontento para obtener ganancias electorales.