Columnistas

El Museo de la Mafia

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23 de abril de 2016

Todavía. Todavía incomoda a muchos que otros hablen o muestren aquellos días de mafia voraz que vivió Medellín. Esta semana, el barrio El Estadio estaba en calma aparente hasta que llegó un grupo de camarógrafos para grabar el último capítulo de la serie “Narcos” en el que muere Pablo Escobar. Varios vecinos formaron un corrillo y empezaron a decir: “saquémoslos” y “qué pereza, otra vez van a mostrar la historia de Pablo”. Finalmente y sin problemas, el capítulo fue filmado en esa locación y será visto por cientos de personas en el mundo.

Cada mes ocurre lo mismo: llega a Medellín una persona interesada en conocer sobre el pasado mafioso de la ciudad. Y a muchos de sus habitantes les produce rabia, indignación, vergüenza o incomodidad recordarlo. Otros no quieren hablar de ello o reaccionan mostrando exclusivamente los logros urbanos de hoy. Algunos funcionarios se preguntan para qué mostrar ese lado de la historia de nuevo si ya dejamos atrás los días de ruina y cenizas.

Independientemente de la posición, queda claro que la marca quedó en nuestro pasado y para educar a las nuevas generaciones y lograr que el suceso no se repita, es necesario estudiar el tema y nombrarlo.

Aunque algunos quieran, es imposible borrar de nuestra historia a ese Escobar que con ayuda de muchos fue al Congreso, ofreció pagar la deuda externa, hizo alarde de una riqueza mal habida para aliviar sus carencias y complejos, mató policías y detractores, sembró miedo, compró almas y cuerpos y propagó el gusto por el dinero fácil.

Este pasado oscuro de la ciudad parece irreal o molesta porque recuerda lo bajo que cayeron algunos vecinos, cercanos y ciudadanos corrientes. Esconder o querer ignorarlo, no le ayuda a nuestro futuro. Esta es una historia que necesitamos contar a las nuevas generaciones y visitantes. Para que sepan cuándo y porqué tocamos fondo y qué valores errados se adquirieron.

Por eso, en Medellín podría existir un Museo de la Mafia o una institución permanente que con la ayuda de historiadores, profesores, curadores y expertos, cuente ese suceso con base en cifras, entrevistas, estudios y documentos.

Sergio Restrepo, director del Teatro Pablo Tobón Uribe y director cultural de la Corporación Otraparte, opina que el tema no es un problema. “Los alemanes siguen haciendo películas sobre Hitler, en Estados Unidos hay películas sobre Al Cappone e incluso existen museos sobre Nerón. El desafío es el tratamiento. La existencia de un lugar así podría ser muy útil para la reconstrucción de memoria histórica. Ojalá no se use para que el Estado se vea como una víctima o un héroe sino para mostrar la realidad de un fenómeno social”.

Mientras no haya quien cuente este capítulo de la historia local de una forma documentada, seguirán llegando hasta aquí interesados en recorrer “La Ruta de Pablo” y la mayoría escuchará versiones variadas. Si queremos erradicar para siempre este fenómeno social y el morbo que genera, hay que estudiar y explicar lo ocurrido. Es una forma poderosa de garantizar que no vuelva a suceder.