El No de los del No
Mientras miles de manifestantes marchaban de nuevo por las calles de las ciudades de Colombia pidiendo “un acuerdo de paz, ya”, Francisco Santos, dirigente del Centro Democrático, nos sorprendió a todos con una advertencia perentoria: “Siento que en mi partido hay gente que no quiere que esto avance”.
Sus palabras confirman la opinión del periódico The New York Times en su artículo de la semana pasada: el expresidente Álvaro Uribe es el hombre que está bloqueando la paz. Según el diario, Uribe se ha convertido en el principal obstáculo para terminar la guerra de más de 50 años que se libra en Colombia, debido a la férrea oposición suya y del Centro Democrático a los acuerdos de paz con las Farc.
En una entrevista con Caracol Radio y otra con RCN, Santos aseguró que en su partido hay algunos interesados en que no haya avances en el proceso de renegociación del acuerdo.
“Hay unos que quieren arrancar de cero y eso sería tirar todo por la borda y no avanzar”, dijo. Samuel Hoyos, representante a la Cámara del partido de Uribe, ratificó las denuncias de Francisco Santos y sostuvo que en el Centro Democrático “hay gente que quiere ser más papista que el Papa, a pesar de que en el acuerdo de paz hay temas valiosos por salvar”.
Según los dos dirigentes políticos, después de la apretada victoria electoral del No en el plebiscito del 2 de octubre, en el Centro Democrático hay gente que quiere “borrón y cuenta nueva” en casi todos los puntos del acuerdo de paz de La Habana.
Casi al mismo tiempo, el presidente Juan Manuel Santos anunció que, con el fin de reiniciar lo más pronto posible las negociaciones con los dirigentes de las Farc en La Habana, el gobierno decidió poner punto final a los diálogos con los dirigentes de los partidos que votaron por el No al acuerdo.
Acerca de sus propuestas para revisarlo, el presidente dijo que algunas eran viables. De otras, dijo que eran difíciles pero no imposibles. Pero también advirtió que algunas no podían ser tomadas en cuenta.
Santos declaró totalmente inviable la propuesta de no aplicar la justicia transicional porque ella es una de las piedras angulares del acuerdo de paz y sobre ella se van a cimentar las leyes que cristalizarán las reformas aprobadas en las negociaciones con las Farc.
El presidente aseguró que propuestas como esta son totalmente inviables porque parten de la base de que en Colombia no hay conflicto armado. “Declarar que en Colombia nunca hubo una guerra es un exabrupto” dijo. “Aceptar una afirmación de esa clase implicaría que no se pueden aplicar ni el derecho internacional humanitario, ni la justicia transicional que se creó precisamente para ayudar a resolver los conflictos armados. ¡Si no hay conflicto armado, no habría nada que negociar!”.
El reconocimiento del conflicto armado fue el punto de quiebre de las relaciones entre Santos y el expresidente Uribe, ya que en la Ley de Víctimas, aprobada en el Congreso por solicitud del gobierno, se reconoció que en Colombia existe un conflicto de esa clase. Esta es la premisa fundamental para reparar a las víctimas de la guerra. A partir de ese momento el expresidente Uribe creó un nuevo partido, el llamado Centro Democrático, y se convirtió en el principal opositor al gobierno de Santos y el distanciamiento entre los dos fue definitivo.
Creo que si aceptamos la tesis de que en Colombia no hay conflicto armado, como dice Uribe, también debemos aceptar que en nuestro país no existen víctimas: solo gente que ha sufrido “daños colaterales” de la guerra. ¿Y los desplazados? Tampoco existen: son “migrantes”. Trampas del lenguaje, una de las armas más letales de la guerra. ¡Uribe es un maestro para usarlas!.