Columnistas

EL NUEVO LLANTO DEL MORO BOABDIL

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31 de julio de 2017

Cuentan los fabuladores que el último rey moro de Granada, Boabdil, prorrumpió en llanto al entregarles las llaves del reino perdido a los reyes de España, en 1492. Que su madre, la sultana Aixa, le lanzó esta reprensión: “Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”. Hoy, cuando parece que en Venezuela se consolida la tiranía madurista después de la extravagante jornada electoral de ayer, los ecos de los suspiros del Rey Chico resuenan por el mundo, como si gran parte de la llamada comunidad internacional sintiera remordimiento por lo que ha pasado en la patria de Bolívar con la complicidad de no pocos gobernantes pusilánimes, temerosos o indiferentes.

Algunos mandatarios dejaron sentir un arrepentimiento tardío, como Santos, que anticipó el desconocimiento de los resultados del plebiscito. Otros, como Evo Morales, ya dictaminaron que seguirán respaldando las acciones dictatoriales del folclórico sucesor de Chávez y el socialismo del Siglo Veintiuno. Y desde los medios periodísticos y de comunicación venezolanos que se debaten en un entorno de libertad condicional y vigilada, la impotencia debida al descaecimiento de su influencia en la opinión pública hace notar que la información y la expresión de las ideas, consustanciales a la democracia, son apenas virtuales, aparentes, simbólicas. Otro síntoma de cómo ha venido diezmándose el poder antiguo y proverbial del periodismo, no sólo en Venezuela sino en el resto del planeta.

Insisto en la hipótesis de que la pérdida de la facultad de influir en las audiencias, en las decisiones de la sociedad civil y de las instituciones gubernamentales guarda una relación proporcional directa con las cesiones de independencia y la negación a sostener una digna distancia crítica frente a todos los poderes. Si la gente, como lo señalan investigaciones y estadísticas, está poniendo en cuestión la credibilidad y la gobernabilidad de los aparatos institucionales y de las clases políticas, una desconfianza comparable se extiende a los medios que no se deciden desde el difícil justo medio a distanciarse del poder y reivindicar la misión de hacer resistencia y ejercer liderazgo respetable en la ilustración de corrientes sensatas de opinión pública.

El papel de la ilusoria comunidad internacional y de los organismos que se arrogan la potestad de representarla ha sido vergonzoso, indignante, ante el caos de Venezuela (titular de la edición última de The Economist) y frente a todos los conflictos actuales. El ejemplo más grave es el de Siria, con todos sus patéticos elementos de inhumanidad. Todos los tardoarrepentidos de hoy, que repitan en coro, con el poeta Juan Mena, su nuevo llanto de Boabdil: “Desde lo alto de esta sierra veo, Oh, Granada, tu cuerpo tendido ante el Genil, como hermosa doncella que me ha sido, de pronto, arrebatada de mis manos”.