El país de los criticones
Por Juan David Narváez R.
Universidad de Antioquia
Contaduría Pública, décimo semestre
jdnr26@hotmail.com
Escuchamos innumerables críticas sobre temas coyunturales relacionados con el Gobierno, la situación económica del país o cualquier otro asunto. Me he preguntado, desde hace mucho tiempo, si realmente estamos siendo críticos porque nos indignan las situaciones o más bien porque queremos llamar la atención de los demás en las redes sociales con nuestras opiniones, sin objetivos trascendentes.
No sé qué tan cierto sea –quizás esté exagerando- pero ahora resulta que todos somos economistas, politólogos y críticos de reinas. En lo personal, no me molesta que los jóvenes hablen sobre temas de interés general que antes (aparentemente) eran lejanos de su realidad.
El problema, para mí, es que estamos viviendo una ola de opinar por opinar y criticar por criticar. Pareciera que la opinión de algunos tuviera más que ver con fastidiar a quien sea contrario a sus creencias que con cualquier otro propósito más profundo.
Es curioso cómo muchas personas comparten noticias y contenido sin tener idea de lo que significan, solo porque son tendencia. Me refiero a temáticas como la inflación, el empleo, la venta de Isagén, Venezuela, el IVA y hasta Miss Universo. Sin embargo, quienes hablan de todo con tanta verborragia no están aportando ideas sustanciales sobre esos temas, ni tampoco sugieren algo adicional; al contrario, ellos no están de acuerdo “porque sí”, porque el político de turno les dice que no estén de acuerdo o porque el mismo Facebook así se los sugiere.
La falta de un sentido crítico permite que muchos colombianos sean manipulados fácilmente, tanto por los grandes medios de comunicación como por la ideología de algunos sectores que no presentan buenos argumentos.
Cuando pasamos al plano de las ofensas para defender las propias posturas, inmediatamente perdemos toda credibilidad. Debemos desarrollar un pensamiento crítico propio en medio de tanta información porque, finalmente, lo importante no es hablar de todo sin saber, sino discernir para estructurar ideas sólidas y convincentes para que nuestros argumentos trasciendan; de lo contrario, quedamos como los criticones de las tendencias y etiquetados como aquel contacto que habla de todo pero que al final no dice nada .
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