Columnistas

El político de la humildad

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05 de marzo de 2015

El domingo, cuando José Mujica concluyó su período como presidente en Uruguay, yo pensé: ojalá en Colombia tuviéramos políticos así, personas que pueden hacerle creer a un ciudadano que perfectamente puede ser presidente, pero también puede ser poeta o campesino sin que el uno le quite mérito al otro, sin que se deje de ser lo que se es.

“Pepe”, como le dicen los uruguayos, como si fuera el vecino de enfrente, aunque en realidad es el vecino de enfrente, no cambió cuando fue presidente porque lo único que ha hecho toda su vida es ser coherente con él mismo. Hace poco leí que cuando Mujica fue senador en 2004, gracias a uno de los apoyos más importantes que ha recibido la izquierda, llegó al parlamento sin traje y sin corbata y allí estacionó su Vespa, la moto que lo transportó hasta que se compró el famoso Fusca.

Lo que diferencia a Mujica de muchos políticos es que él nunca se ha disfrazado, siempre ha sido lo que es, y esto, así parezca sencillo, es complejo, mucho más cuando se está enredado en ese mundito en el cual se actúa según la agenda del día, en ese mundito donde tantos se vuelven expertos en el juego de la hipocresía y las palabras son tan relativas que de pronto lo que se dijo ya no es, cambió de contexto, el equipo de asesores ayudó a modificar el tono y la intención.

Cuando uno escucha a Mujica puede llegar a creer hasta en la política, así vea House of Cards, así vea la realidad misma. ¿Qué es un político entonces? ¿Alguien que se distancia del pueblo apenas asume el poder o alguien que se hace más cercano apenas ocupa el poder? Yo veo a Mujica y me genera confianza, esperanza, siento que me dice la verdad porque no está hablando en puntitas, con un libreto mal armado; yo veo a Santos, a Uribe, a la mayoría de políticos colombianos, y lo único que siento es desconfianza, desazón, un olor enrarecido en sus palabras. Mucha soberbia.

El último video que vi del expresidente uruguayo fue el de su encuentro con el rey Juan Carlos en su modesta casa. “Viejo, vamos acá”, le dice Mujica a Juan Carlos y luego lo sienta en una banquita decorada con tapas de colores, dura, supongo, y por eso la comitiva del rey le pone el cojín al viejito cazador para que no se le pelen sus nalguitas. Mujica se sienta al frente y entonces cuando habla de lo importante que es para él vivir ligero de equipaje, le dice: “Tú no puedes, porque tuviste la desgracia de ser rey”. Nada más elocuente. Hará falta este personaje que sencillamente tuvo la fortuna de ser “Pepe”, y eso es más que suficiente