EL PORQUÉ LOS NIÑOS POBRES NO PUEDEN SER MELINDROSOS AL COMER
Por CAITLIN DANIEL
¿Por qué los niños pobres tienen dietas pobres?
Algunos sostienen que las dietas saludables son demasiado costosas. Otros alegan que las opciones sanas son económicas y que la comida chatarra que aparenta ser barata no sale a buen precio. Pero ambos lados ignoran lo que la mayoría de los padres de familia bien saben: los niños son melindrosos al comer.
El melindroso puede frustrar a cualquier padre de familia. Pero estas características tienen efectos particulares sobre los pobres. Al entender estos efectos, podemos hacer más por mejorar las dietas de niños de bajos recursos.
Yo pasé más de dos años estudiando cómo 73 familias en Boston decidieron qué darles de comer a sus hijos. Algunas familias ganaban más de 100.000 dólares al mes. Algunos hacían que el dinero alcanzara con poco sobrante. Otros eran pobres. Yo quería saber cómo los padres de familia realmente elegían qué dar de comer a sus familias, dadas las situaciones que enfrentan y los recursos que tienen. Rápidamente he aprendido que los padres pobres no solo tienen que calcular lo que cuesta su comida, también tienen que pensar en lo que sucederá si nadie la consume.
Al describir su rutina para comprar el mercado, una madre pobre del sur de Boston con un hijo de 3 años rápidamente resaltó el desperdicio: “recibo mis cupones de alimentos el 5 del mes y trato de hacerlos durar por un mes, pero eso es muy difícil porque los niños pequeños desperdician mucha comida”. Cuando los niños de otra madre pobre se niegan a comer lo que ella cocina, ella piensa en las cosas que podría haber comprado en cambio.
El problema no son los niños pobres. Según sicólogos, la mayoría de los niños tratan las comidas nuevas con trepidación. Con frecuencia aceptan ofertas novedosas solo después de entre ocho y 15 intentos. Pero niños alrededor del mundo aprenden a gustar de un impactante despliegue de comestibles, en gran parte después de probarlos repetidamente. Cuando los niños prueban una variedad de opciones, se aproximan a comidas desconocidas con menor cautela.
Para los padres pobres que conocí, el rechazo de los niños hacia la comida cuesta demasiado. Para evitar el riesgo del desperdicio, estos padres se apoyan en las preferencias de sus hijos. Como lo dijo la madre del niño de 3 años: “Tratar de lograr que él coma vegetales o cualquier cosa como esta es muy difícil. Yo solo compro las cosas que le gustan, lo cual no siempre es lo mejor”. Como muchos niños, su hijo prefiere comidas que son desabridas y dulces.
Conocí a muchos padres pobres quienes deseaban que a sus hijos les gustaran comidas más saludables. Pero desarrollar el paladar de sus hijos tiene costos escondidos. Cuando le pregunté sobre ofrecer coliflor diez veces para moldear los gustos de su hijo, una madre pobre de las afueras de Boston dijo: “No. No. Esa es mucha comida desperdiciada”. Esta madre se enfrenta a una incómoda decisión. Puede experimentar y correr el riesgo de tener una despensa vacía, o puede hacer durar su comida al servir lo que a su hijo le gusta, aunque no sea lo más saludable y aunque se sienta culpable por ello.
Los padres más adinerados no enfrentaban esta decisión. Estos padres de familia tienen muchos retos a la hora de las comidas, falta de tiempo, niños reticentes, los daños emocionales que vienen con servirle a un público desagradecido. El costo del desperdicio posaba menos preocupación. Una madre de clase media ha detestado la fruta durante toda su vida. Pero le ofreció a su hija una variedad de frutas desde temprano. Cuando le pregunté sobre el costo de los posibles rechazos a las comida, ella dijo: “Honestamente, nunca me pasó por la mente.”
Pero los padres de familia pobres que seguí tenían poca libertad para ignorar el desperdicio. Una madre buscaba ofrecer comida saludable con un bajo presupuesto. Ella cocinada arroz o fríjoles o pasta con vegetales magullados vendidos a menor precio. Estas comidas valen relativamente poco, si son consumidas. Pero cuando sus hijos las rechazaron, una comida económica se convirtió en una carga financiera.
Para consumir una variedad de comidas nutritivas, los niños tienen que adquirir nuevos gustos. Esta es una oportunidad que muchas familias no pueden ofrecer. Los colegios pueden familiarizar a los niños con comidas nutritivas por medio de la jardinería, educación de nutrición con base en la experiencia, y comidas saludables en el colegio.