EL PRESIDENTE QUE LE DIJO SÍ A LA PAZ
En estos tiempos en los que ya casi nadie escribe cartas, hace tres años me sorprendió recibir una. No tenía sellos postales. Me la enviaron a través de un servicio de mensajería. Cuando abrí el sobre y vi el nombre del remitente, pensé que todo era producto de una equivocación. En su mayor parte, estaba escrita a máquina, pero tenía varias anotaciones a mano.
La carta decía: “Bogotá, septiembre 7 de 2016. Reciba mi más atento saludo. Quiero agradecerle su hermoso escrito en su columna dominical de El Colombiano. Me conmovió hasta el hondón del alma. ¡Mil gracias! Con un fuerte abrazo, Belisario Betancur”.
Hoy he vuelto a leerla, conmovido por la noticia de la muerte del expresidente. Después de repasar sus líneas, me pregunto qué movió a un hombre como él, retirado de la política partidista, dedicado a la lectura, a escribir una carta como ésta. Tuve que ponerme en el trabajo de buscar la columna para hallar una respuesta. Creo que su título lo dice todo: “El sí a la paz de Belisario Betancur”.
La columna se refiere a una carta que Betancur dirigió al presidente del Directorio Nacional Conservador, pidiendo a los conservadores, sin excepción de matices, votar por el sí a la paz en el plebiscito de 2016. La carta apareció en un momento en que el tema de la paz, en vez de unirnos, nos dividió a los colombianos en dos bandos aparentemente irreconciliables.
“En medio de una campaña tan marcada por el odio, la desinformación y las trampas electorales, el sí claro y contundente del expresidente Belisario Betancur a los acuerdos de paz es un nuevo acto de fe en el futuro de Colombia por parte de uno de los presidentes que más conoce las entrañas del conflicto armado. También es un llamado a los conservadores, y a todos los colombianos, a recordar que la esencia de la política es la búsqueda del bien común y que la paz es uno de sus frutos más valiosos”, dice la columna.
También recordé que Belisario Betancur fue el primer presidente colombiano de fines del siglo XX que se atrevió a proponer un acuerdo de paz con los grupos armados insurgentes. Sin embargo, a pesar de que logró acuerdos parciales con las Farc, el M-19 y el EPL, la aparición de grupos paramilitares y sectores políticos y de las Fuerzas Armadas opuestos a esos acuerdos provocó una nueva escalada de violencia que desembocó en la toma sangrienta del Palacio de Justicia por guerrilleros del M-19, a fines de 1985, y el comienzo de una campaña de exterminio contra los dirigentes de la Unión Patriótica, grupo político con el que las Farc intentaban reintegrarse a la vida civil.
Luego dije que, a pesar del fracaso de los esfuerzos del presidente Betancur por lograr la paz, las negociaciones en medio de la guerra fueron continuadas por sus sucesores entre 1986 y 2002. Estas propiciaron la desmovilización del M-19, el EPL y el Quintín Lame. También permitieron la promulgación de la nueva Constitución de 1991.
Ahora comprendo los motivos de las cartas del expresidente. Después de su retiro de la Presidencia de la República, a diferencia de casi todos los demás expresidentes colombianos, él guardó silencio frente a los acontecimientos políticos de su país. Lo rompió solamente para defender la paz y apoyar la negociación política del conflicto armado.
Pienso que lo hizo porque estaba seguro de que la paz es un anhelo legítimo que no debe ofender ni menoscabar a nadie, aunque también sabía que “la paz tiene contraprestaciones y momentos de menoscabo, horas oscuras de amargura”. Él mismo las vivió.
Ojalá su pensamiento nos alumbre a todos los colombianos para hallar el camino hacia una paz verdadera.