Columnistas

El presidente que necesitamos

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04 de junio de 2018

Por OMAR FLÓREZ VÉLEZ

oflorez@coruniamericana.edu.co

El 27 de mayo fuimos a las urnas con entusiasmo y libertad atendiendo el llamado de nuestra Patria. Dimos un positivo mensaje al mundo: respeto por la democracia, al pluralismo ideológico y la solución civilizada de nuestras discrepancias. La voluntad soberana del pueblo expresada a través del voto libre, dentro de un proceso electoral transparente, pleno de garantías ha sido acatada y respetada. Su fallo es inapelable. Nadie debe sentirse derrotado.

Tuvimos a nuestra consideración un abanico de propuestas lideradas por prestantes candidatos que interpretan la compleja realidad de nuestra Nación. Adelantaron una intensa tarea, que los hace merecedores de la gratitud ciudadana.

Corresponde a los candidatos Duque y Petro adelantar una campaña respetuosa, noble y civilizada con énfasis en propuestas sensatas y viables.

Quien sea ungido presidente ha de tener en cuenta que “simboliza la unidad nacional” y al jurar el cumplimiento de la Constitución y las leyes, se obliga a “garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos” (Art. 188 C.N.), lo será para todos los colombianos, sin excepción, tanto para quienes hayan votado por él, como por quienes no, hayan votado en blanco o se abstuvieron.

El nuevo presidente ha de significar tranquilidad, seguridad, progreso; sería muy preocupante lo contrario: amenaza e inseguridad. Para el éxito de su difícil trabajo necesita tender puentes hacia un escenario positivo para los consensos que faciliten gobernabilidad y, desde luego, estimular la urgente reconciliación ciudadana y la colaboración del inmenso talento existente en nuestra sociedad.

Aspiramos a sentirnos orgullosos de nuestro Presidente, cuya solvencia ética, compromiso y liderazgo sirvan de ejemplo para los gobernantes territoriales, dirigentes políticos y sociales, servidores públicos, gerentes de empresas...

Nuestra respons abilidad no se agota con la elección del Presidente, nos corresponde colaborar, desprovistos de prejuicios y resentimientos, caminemos hacia el mismo destino que permita mejorar la calidad de vida de millones de compatriotas, la convivencia ciudadana, el crecimiento de la economía, el progreso de las empresas, el respeto a la dignidad humana, la derrota a la criminalidad y la corrupción, la recuperación de la confianza en las todas las esferas del poder público, con especial énfasis en la administración de justicia y desde luego, ser merecedores del reconocimiento de la comunidad internacional.

Atrás debe quedar la improductiva polarización que ha fragmentado irracionalmente el ánimo y el talento de la sociedad colombiana. El nuevo gobierno y el Congreso tienen la tarea de trabajar para corregir errores e intentar innovaciones sociales que permitan solucionar numerosos problemas. Quedan muchas lecciones, entre otras, el odio, el fanatismo, la exclusión social, la violencia, la corrupción, la politiquería, solo pobreza y atraso generan. Obstaculizar el mandato del nuevo presidente sería una actitud mezquina e irresponsable.

Conviene tener en cuenta que el buen ciudadano vota responsablemente. No se abstiene. Nuestra Constitución (Art. 95) señala: “...Son deberes de los ciudadanos: .... Participar en la vida política, cívica y comunitaria del país”.