EL PRÉSTAMO
En la Comisión Sexta de la Cámara de Representantes despacha, desde hace dos años, Edgar Alexander Cipriano Moreno, electo por el departamento del Guainía con 1001 votos, a nombre del Partido Alianza Social Independiente (ASI) creado en 1991. Con solo oírlo hablar se verifica que tiene poca o ninguna formación académica, aunque en Facebook dice haber estudiado en el Colegio Centro de Estudios Huitaka de Fusagasugá donde, luego, se desempeñó como conductor de buseta, taxi y camión de acarreos; tareas que también hizo en Villavicencio y en el Guainía, como lo promociona un hermoso video que contiene una entrevista suya en YouTube.
Este ciudadano, a quien en los pasillos y en los debates congresionales llaman “doctor” (¡título que aquí no se le niega a nadie!), dice además pertenecer a la etnia Puinave y haber sido, durante dos períodos, Capitán de su comunidad en el Resguardo de El Paujil. En apariencia, pues, un hombre humilde, trabajador y luchador, que desde su sitial de conductor de vehículos de servicio público (¡también el presidente de Venezuela lo es!) llegó al Congreso de la República a batallar por las maltratadas minorías étnicas.
No obstante, en contra del “Honorable Representante” cursa en la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, una actuación por los presuntos delitos de perturbación de certamen democrático, constreñimiento y corrupción de sufragante, a raíz de una acusación que se le formuló el 28 de marzo de 2014, en la cual se le acusa de cambiar votos por motores, cemento y tejas, previa suscripción de “actas de compromiso” con los interesados que él califica como hechizas, cuando era candidato. A la par, el Consejo de Estado estudia una acción de nulidad electoral (Radicado N°: 11001-03-28-000-2014-00030-00), por los mismos hechos.
Pero el vaso se desbordó a raíz de una filmación hecha por un afectado en la propia oficina del legislador en el Capitolio Nuevo, difundida por varios medios de comunicación, donde se le ve acompañado de un colaborador recibiendo fajos de billetes que aseguran los quejosos, se corresponden a cuotas impuestas por el Representante a otras personas para acceder a diversos cargos públicos; es más, un prestigioso periódico capitalino advierte que quince personas (algunas fueron entrevistadas) lo señalaron porque cobraba dinero a cambio de hacerlas nombrar y hace turbadoras revelaciones al respecto (http://www.elespectador.com/ 27-09-2016).
Sin embargo, ya desde el pasado 20 de junio el Veedor Nacional de la ASI, Miguel Antonio Galvis, le había dado la estocada al corrupto cuando, mediante Resolución 01 de esa fecha, ordenó al Tribunal Disciplinario y de Ética Nacional de ese movimiento político, la apertura de una investigación disciplinaria en contra de aquél, por afectar (a título de falta grave) “el buen nombre del partido” e “incurrir en presuntos comportamientos violatorios de las leyes y buenas prácticas electorales” (http://partidoasi.com/2016/wp-content/uploads/2016/06/Resolucion-001-2016.pdf). Pero, para este hombre de treinta y tres años todo es consecuencia de la “persecución política” montada en su contra por sus contradictores; según él, el dinero es producto “de un préstamo que le hicieron” para construir su casa, cosa que dice poder demostrar ante la Procuraduría donde fue denunciado y, ojalá, ante la Sala de Casación Penal de la Corte, organismo que investiga hoy a más de cien congresistas de los elegidos en 2014.
Por supuesto, da rabia y vergüenza saber que miembros del Congreso de la República votados en representación de las etnias sean acusados de tan grotescos hechos, máxime cuando con mucho afecto algunos hemos acompañado a los indígenas en sus duras luchas cuando, en 1991, llenos de ilusión ante el advenimiento de la Constitución hoy pisoteada por el régimen que nos gobierna, ejercimos nuestro derecho al sufragio por el filósofo y antropólogo Gabriel Mujujuy Jacanamejoy quien, entonces, resultó electo Senador. El Congreso y el país entero, pues, no merecen que colombianos como estos sean los que concurran a ese sagrado templo donde se hacen las leyes. ¡Esto tiene que cambiar! .