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El reacomodo demócrata

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Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

19 de mayo de 2020

Los toldos republicanos están nerviosos. El presidente Donald Trump, contradictorio ante la pandemia, insiste en la falsa dicotomía entre economía y salud para sostener que los comercios deben abrir sus puertas cuanto antes. Los científicos que lo asesoran, sustentados en la realidad, le llevan la contraria. Mientras la Casa Blanca impone una aparente normalidad, los números de contagiados y de muertos suben exponencialmente en todo Estados Unidos. De otro lado, las cifras de desempleo se unen para formar una tormenta como no se había visto en la historia reciente de la potencia y amenazan el segundo cuatrienio para los conservadores.

El Partido Demócrata lo sabe. Entiende que el mal manejo de la crisis por parte de Trump es una posibilidad para que los ciudadanos busquen un cambio de rumbo, pero, al mismo tiempo, entienden que con tamaña tragedia cualquier movimiento político puede ser entendido como oportunista. Con Joe Biden como candidato único por la nominación liberal, cada declaración es medida y cada ataque contra el Gobierno busca debilitarlo sin herir una pretendida unidad nacional.

Biden, con 77 años y quien logró sobrepasar al socialista Bernie Sanders en unas primarias sorprendentes, insiste ahora en la necesidad de que su campaña tenga un fuerte componente progresista. Al soporte del establecimiento demócrata que lo encumbró le ha mezclado la izquierda que estuvo a punto de derrotarlo. Figuras como Alexandra Ocasio-Cortez (que ya hace parte del equipo de Biden) y el mismo Sanders, insisten en la importancia de la unión del espectro para derrotar a Trump en noviembre.

En pocas semanas, y en medio de la locura que significa para la política, proponer y dirigir desde el confinamiento, Biden anunciará su pareja de boleta que seguramente será mujer y escorada al centro. Con un candidato cercano a los 80 años, el anuncio de la vicepresidencia será un golpe de opinión definitivo para encarar el segundo semestre de este extraño 2020 en el que Estados Unidos ve amenazado su poderío.

Mientras esa esquina se prepara para la pelea, Trump insiste en facilitarles el trabajo. Hace recomendaciones que van contra la medicina -y contra la lógica-, ataca a periodistas con mensajes racistas y les da vuelo a teorías conspirativas. En su círculo cercano intentan apagar incendios, pero saben que cada día más es uno menos para una presidencia que, muy posiblemente, se limitará a un solo periodo.