El sentimiento. Un mundo
Encuentro en el evangelio de Juan (20, 19-21) un acontecimiento fascinante. “Estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con ustedes’.”
Jesús resucitado es inespacial e intemporal, no necesita puertas para entrar. Entra desde dentro trayendo lo que tiene, o mejor, lo que es, la paz. La trae a los que tienen miedo, o mejor, a los que son miedo.
Me impresiona el saludo de Jesús a sus discípulos. Invitación a cambiar lo que tienen, lo que son, el miedo, por lo que tiene, por lo que es, la paz. Paz y miedo, sentimientos contrastantes, inundan la existencia del ser humano. Cada uno es dueño de lo que tiene, de lo que es.
Paz es armonía de las partes en el todo. Del cuerpo con el alma, de la tierra con el cielo, del hombre con Dios. Eso tiene, eso es Jesús. Miedo es perturbación angustiosa. Del cuerpo con el alma, de la tierra con el cielo, del hombre con Dios. Eso tienen, eso son los discípulos de Jesús.
La paz es una decisión. De Jesús. Cultivada por él. Jesús es lo que decide ser, la paz. El miedo es una decisión. De los discípulos. Cultivada por ellos. Los discípulos son lo que deciden ser, miedo.
Los sentimientos son modos de ser, no cosas. Si tengo miedo, soy miedo. El miedo que tengo es decisión mía, hasta el punto de volverme miedo. Si tengo paz, soy paz. La paz que tengo es decisión mía, hasta el punto de volverme paz.
Aun sin darme cuenta, vivo en juego constante con mis sentimientos. Moldeo a mi modo los sentimientos que tengo, y ellos me moldean a mí. El influjo es recíproco, del todo natural, de mí a ellos, de ellos a mí.
Jesús les muestra las manos y el costado de modo tan cercano, que los discípulos “se alegraron de ver al Señor”. Voy de asombro en asombro. De la paz me viene la alegría, la alegría me lleva a la paz.
Antídoto del miedo, la paz. Antídoto del hombre, Dios. Hombre del siglo XXI, acojo a Jesús para que cambie el miedo que tengo, el miedo que soy, por la paz que Él tiene, por la paz que Él es.