El socialista
Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.
Bernie Sanders, el socialista demócrata que asustó a Hillary Clinton en las primarias de Iowa ganará, muy seguramente, las primarias en New Hampshire. Será la consolidación del veterano rebelde que con un discurso incómodo para el establecimiento está haciendo lo imposible al ir contra la gran maquinaria. Se aplaudirá su valentía, su campaña recibirá más dinero de pequeños donantes, aumentarán sus perfiles en revistas, pero al final, para desgracia de los que esperan un revolcón, la ola de entusiasmo chocará con la realidad y Hillary se alzará con la candidatura.
Sanders, de 74 años, tiene todos los elementos para ser considerado una esperanza transformadora. Promete un revolcón serio en Wall Street, apretarles el cinturón a las grandes corporaciones, aumentar considerablemente los impuestos a los ricos e impulsar una drástica reforma sanitaria. Es una especie de líder de la juventud indignada y de aquellos adultos que prefieren un Estado más benefactor.
Hillary lo subestimó y no esperaba su ascenso acelerado. La historia parece repetirse con aquel infierno que le hizo vivir el novato Barack Obama en las primarias del 2008, cuando la nominación se le evaporó jornada tras jornada. Pero es justo decir que ahora el juego es a otro precio y Hillary aún tiene el viento a su favor. Sanders está demasiado a la izquierda para un grueso de los votantes liberales que sienten en la exsecretaria de Estado a una gobernante más seria.
Porque si Sanders da la sorpresa y gana las primarias, las elecciones de noviembre serían una rapiña entre extremos: la derecha recalcitrante y el liberalismo socialista. En un país como E.U., donde el socialismo tiene la cruz maldita en la frente, la pelea podría acarrear el triunfo de un conservador radical. Y en el mejor de los casos, si se rompen todos los pronósticos, ocurre un milagro y Sanders gana la presidencia, al veterano le quedaría imposible gobernar con un Congreso republicano aún más intransigente que el actual.
Algunos dicen que incluso perdiendo, Sanders ya ganó. Están en lo cierto. Demostró que E.U. tiene una población que urge cambios sociales ante la vergonzosa inequidad. Son los mismos que están cansados del discurso del miedo, aquellos que reniegan de un pasado con Bush o un futuro con Trump. Ahora parecen pocos pero serán cada vez más y, para gobernar, tendrán que contar con ellos.