Columnistas

EL TALENTO DE MEDELLÍN

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09 de marzo de 2019

Algo que sorprende, y hasta estremece a los extranjeros que vienen a Medellín, es la concentración de talento que esta ciudad tiene en cada una de sus esquinas. La vida de esta ciudad está marcada por una alta densidad de talento empresarial, artístico, de innovación, social. En estos días tuve la oportunidad de cenar con una de las personalidades más calificadas a nivel mundial en el campo de la inteligencia artificial, y después de visitar la Comuna 13, y conocer la experiencia de Son Bata, dijo que sin duda esta había sido una de las experiencias más significativas en toda su vida, tanto que le gustaría comprometerse con proyectos de innovación social en esta ciudad. “Medellín lo tiene todo para ser la nueva San Francisco”, nos dijo al grupo de amigos que estábamos cenando con él.

Medellín tiene mucho talento y, como amo repetir a muchos de mis interlocutores paisas, lo tiene absolutamente todo para transformarse de manera definitiva. Para que eso pase, pienso que Medellín tiene que encontrar un propósito compartido más alto. Tiene que encontrar la manera para traducir el enorme potencial que tiene, en la realidad de una ciudad que sea más comunidad, con más igualdad y oportunidades para todos. Como decía Antoine de Saint-Exupéry, “una pila de roca deja de ser una pila de roca en el momento que un solo hombre la contempla, llevando dentro de él la imagen de una catedral”.

Pensando en eso, me acordé de un antiguo cuento persa. Un día, apareció un mago en el palacio del rey, y le aseguró al rey que sería capaz de realizar un truco único que lo impresionaría enormemente. El mago le dijo al rey que le costaría 100 monedas de oro observar su magia. “¿Tanto oro para un solo truco de magia?” preguntó el rey. “Su majestad, le haré el truco 20 veces y le aseguro que se sorprenderá”. El rey quedó impresionado y accedió a pagar. De su bolsillo, el mago sacó una pequeña caja llena de agujas. Caminó hacia un árbol cercano, metió una de las agujas en el tronco y luego caminó hacia atrás hasta que estuvo a unos 50 metros de su objetivo. Luego sacó una segunda aguja de la caja y la lanzó en dirección al árbol. La aguja voló en línea recta como una flecha y pasó a través del ojo de la primera aguja. Repitió el truco 20 veces. “Ciertamente mereces las 100 monedas de oro”, dijo el rey, “pero también mereces 20 latigazos como castigo; un hombre con habilidades tan maravillosas no debería estar desperdiciando su talento en tonterías”.

Medellín tiene mucho talento, pero el riesgo es que sea invertido para propósitos limitados, para la ventaja de unos pocos. A veces, este talento es utilizado para hacerle daño al otro. Como me dijo un empresario en estos días, “nos desgastamos más en propiciar que al otro le vaya mal, en lugar de promover la abundancia y la prosperidad de todos”. ¿Cómo invertir el talento para el bienestar de toda la ciudad?.