Columnistas

EL ÚLTIMO VIAJE

DE JORGE ISAACS

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29 de octubre de 2017

En 1881, cuando ya era el escritor colombiano más leído en su país y en el resto del mundo, Jorge Isaacs partió de Bogotá con destino a Santa Marta con la intención de recorrer los inmensos y hasta entonces inexplorados territorios de la provincia de Padilla, formada por las llanuras de la banda oriental del río Magdalena, la Sierra Nevada de Santa Marta, el Valle de Upar y la península de la Guajira.

La misión de Isaacs era servir como secretario de la Comisión Científica Permanente creada por el gobierno nacional con el fin de continuar los trabajos de cartografía, mineralogía, botánica y etnografía iniciados en la década de 1850 por la llamada Comisión Corográfica. Esta tuvo que interrumpir su labor en 1859, después de la muerte del geógrafo Agustín Codazzi, cuando él empezaba a estudiar la costa Norte de Colombia. Por eso los mapas de esa región no eran confiables y el gobierno desconocía el estado de su población y el inventario de sus riquezas vegetales y minerales.

Desde el comienzo, las relaciones entre los miembros de la Comisión fueron tirantes con su jefe, el explorador argelino José Carlos Manó. Él no logró ganarse el respeto científico de sus colaboradores. Isaacs tomó entonces la decisión de emprender el viaje por su cuenta y riesgo, sin más acompañantes que una mula, y sin más dinero que tres mil pesos que le prestó un amigo comerciante, ya que la comisión se desintegró un mes después de haber partido de Santa Marta.

Inspirado por las lecturas de “Facundo”, la novela del escritor argentino Domingo Faustino Sarmiento, y por la “Peregrinación de Alpha”, el libro de crónicas de su maestro, el periodista colombiano Manuel Ancízar -relator de la antigua Comisión Corográfica-, en su recorrido, que duró once meses, Isaacs cruzó ríos y selvas, haciendo estudios de la geografía, la flora, la fauna y los recursos minerales de esa región, desde El Banco, la serranía de Perijá y el Valle de Upar hasta Riohacha. También convivió con los chimila, los arhuacos y otras tribus indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, y estudió su cosmogonía, su cultura y sus lenguas.

Su trabajo lo recogió en el “Estudio sobre las tribus indígenas del estado del Magdalena”, una obra singular en los estudios etnográficos y en la historia del periodismo narrativo en Colombia.

El estudio ―publicado en el periódico “Anales de Instrucción Pública”― está compuesto por cuatro partes: la geográfica, la histórica, la lingüística y el catálogo de la colección de objetos de interés arqueológico entregados por el autor al Museo Nacional.

La primera contiene una descripción geográfica del paisaje y el territorio basada no solo en la observación directa sino en una revisión minuciosa de los mapas y las fuentes bibliográficas existentes. En algunos pasajes, Isaacs corrige los errores que encuentra en los mapas oficiales, después de constatar sus imprecisiones sobre el terreno, sobre todo en el trazado de los ríos y sus afluentes.

La segunda está dedicada a la historia de los pueblos indígenas y es sin duda la más valiosa. En una época en que la etnología apenas empezaba a perfilarse en las universidades de Europa como un método científico todavía embrionario, y era una disciplina casi desconocida en Colombia, Isaacs realizó un estudio etnográfico y antropológico sobre estas tribus sin antecedentes en la historia de Colombia.

La tercera está dedicada al estudio fonético y semántico de las lenguas chimila, businka, guamaka, guajira y motilona.

Jorge Isaacs no solo fue el más grande narrador colombiano del siglo XIX. Fue nuestro primer etnógrafo. También, uno de los pocos hombres que desde hace más de 100 años comprendió y amó nuestra diversidad y se dio cuenta de que era la más grande de nuestras riquezas.