Columnistas

EL VASO MEDIO LLENO

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07 de julio de 2017

Terminó el mes de junio con un balance positivo en hechos contributivos a la construcción de la paz. Si bien el execrable atentado en el Centro Comercia Andino de Bogotá encendió las alarmas sobre el riesgo de perder lo ganado en materia de seguridad pública, la entrega del 40 % final de las armas que las Farc hicieron a las Naciones Unidas, las declaraciones al culminar la segunda ronda de conversaciones entre Gobierno y Eln y la tendencia decreciente en los indicadores de criminalidad de alto impacto en el país, son motivos suficientes para cultivar la esperanza.

En verdad, el país vive momentos de pesimismo que no comparto. Cuanto más se analizan las circunstancias objetivas, menos se entiende porqué el 73 % de la muestra encuestada opina que las cosas en el país están empeorando. De otra parte, el 90 % de la misma muestra piensa que los diálogos con el Eln van por mal camino. Es racionalmente posible esperar que los resultados del segundo ciclo de conversaciones en Quito cambie significativamente esa percepción. Al fin y al cabo, como dijo Aristóteles, la esperanza es el sueño del hombre despierto.

Las Farc, como movimiento político-militar alimentado por la violencia y el crimen, dejó de existir formalmente el pasado 25 de junio, después de regar durante 53 años el suelo patrio de sangre hermana, lágrimas, destrucción y desasosiego. Ahora le queda el inmenso reto de transformarse y actuar constructivamente bajo los dictámenes de la dialéctica y la democracia. Lo lamentable es que le cedieron a la polarización política el puesto de principal enemiga del desarrollo social.

Con el Eln el futuro es incierto y riesgoso, aunque hay una evidente evolución en su lenguaje. Al finalizar la segunda ronda de conversaciones en Quito, desarrollada entre el 16 de mayo y el 30 de junio, se avizora como viable un cese bilateral de fuego y de hostilidades, dentro de los próximos sesenta días, antes de o coincidiendo con la visita del Papa Francisco a nuestro país. Para esos efectos, desde la próxima semana una comisión de trabajo acordada por las partes, estudiará y propondrá las condiciones posibles para bajarle intensidad al conflicto armado, dentro de lo que denominaron “acciones y dinámicas humanitarias”. Eso debería ser motivo de alegría nacional.

Pero no solo es esta la decisión a destacar. También debemos mencionar la creación de un equipo conjunto de pedagogía y comunicación para la paz, así como la conformación de un grupo de países de apoyo, acompañamiento y cooperación a la mesa de conversaciones, lo que debe contribuir a dar mayor solidez a los avances.

Paralelamente, la delegación negociadora del Eln emitió un comunicado que, sin apartarse de su acostumbrada crítica al gobierno y a las instituciones legítimas, reitera su compromiso con la salida política al conflicto armado y propone acciones para avanzar hacia la “participación de la sociedad en el proceso de paz” y hacia la supresión de acciones ofensivas entre las partes y construcción de acuerdos humanitarios. Por primera vez Pablo Beltrán declara que el Eln estaría dispuesto a ponerle fin al secuestro.

Por todo lo anterior, pienso que es mejor ver el vaso medio lleno que medio vacío, porque quienes así lo ven, normalmente buscan vaciar el vaso de quienes lo vemos medio lleno.

Quienes nos hemos comprometido con el buen destino de nuestro país, dentro de un orden político, económico y social justo, no podemos claudicar. Debemos recordar al general Douglas MacArthur cuando dijo: ...los años arrugan la piel, renunciar al ideal arruga el alma.