Elogio de la “mediocridad”
Hace pocos días hablaba con un amigo sobre su empresa y me decía que no quería que creciera más de las cinco personas, incluido él, que hoy tenía. Así era exactamente como quería vivir en términos de dinero, contribución y equilibrio entre su vida personal y laboral. Y créanme, tiene la capacidad, por la calidad del servicio especializado que ofrece, de tener algo mucho más grande.
Desafortunadamente en nuestra sociedad (esa que es la suma de cada uno de nosotros) vemos esto como un sinónimo de mediocridad o estancamiento. Una empresa que no quiera ser la líder del mercado con rentabilidades y utilidades récord cada año, que no quiera apoderarse de otros mercados, un ejecutivo que no quiera ser presidente de la empresa, unos accionistas que no tengan cada año dividendos mayores, son pecados de un mundo laboral que suena ambivalente cuando por otro lado quiere hablar de sostenibilidad y felicidad en el trabajo.
Los compromisos con las Juntas se hacen más grandes, las metas más altas, y se deben exceder con menos recursos, gastos y personas. A estas últimas les piden mayor desempeño, y si “solo” cumplen lo que se espera, que ya de por sí es más de lo que el año anterior lograron, no les dan el bono por resultados y además quedan en observación, acusados de bajo compromiso y capacidad.
Una continua búsqueda de mayores rentabilidades hace que tarde o temprano alguien pague las consecuencias: trabajador, accionista, sociedad, medio ambiente, proveedores, cliente, competidores, usted elija, pero al final de cuentas seres humanos. En un ejercicio de suma cero donde para que alguien gane implica que otro pierda, usualmente siempre son más los que directa e indirectamente acaban perdiendo.
Por eso hoy quiero elogiar a esas empresas que se sienten bien como están, no quieren crecer de la forma descrita atrás, que les importa más lo que aportan que lo que rentan, a esos empleados que cumplen con lo que se espera de ellos y lo hacen muy bien hecho (así para la empresa no sea alto desempeño), a esos accionistas que sienten que algo está mal cuando ganan mucho.
Y no quiero decir que esté mal querer más, pero el asunto es cómo lo hacemos. Tengo una luz de esperanza con las nuevas generaciones, que quieren equilibrio, ven el trabajo como un medio y no como un fin, quieren ser más en vez de tener más, buscan trascendencia y coherencia por encima de poder y riqueza. Parece que sí estamos evolucionando como especie, esperemos que los que venimos antes no les dañemos la mente o les acabemos el planeta antes de que ellos sean masa critica para cambiar el mundo.