EMISORAS COMUNITARIAS
Sigo pensando y sosteniendo que la posición vehemente y osada de nuestro gobierno frente a la situación de Venezuela ha sido desacertada e innecesariamente riesgosa. Ello no me impide pensar en las ventajas que traería para Colombia el cambio a un régimen democrático en el país vecino. Dentro de esas ventajas estará el crecimiento de la balanza comercial hasta recuperar volúmenes de finales del siglo pasado, el decrecimiento de la desesperada corriente migratoria, el final del refugio o guarida para el Eln y el cese del proselitismo del “socialismo del siglo XXI” en muchas de nuestras poblaciones. En esta ocasión, me referiré a una de las manifestaciones de esta acción proselitista.
Existe información de agencias de inteligencia que nos indican que el gobierno venezolano, en momentos en que aún mantenía su fortaleza económica, subsidiaba algunas de las emisoras comunitarias de nuestro país, para ejercer acción propagandística y de penetración ideológica hacia nuestras poblaciones. En la medida en que la situación económica venezolana se fue deteriorando, los apoyos fueron decreciendo, llevando a esas emisoras a situaciones de insolvencia. Ahora, tenemos la obligación de salvarlas.
La radio comunitaria es un medio para conectarse con la mente y el corazón de las comunidades. Es un canal expedito para que las poblaciones presenten sus inquietudes a los niveles superiores de la institucionalidad. Puede ser un espacio efectivo para la conversación generativa y un punto de encuentro para conciliar formas de solucionar problemas a nivel municipal y veredal. Es un medio propicio para unir el pensamiento, requerimientos y propósitos de las comunidades de la periferia con los niveles de decisión en el sector central. Son un espacio virtual efectivo de construcción del tejido social y ejercicio de soberanía. Por todo ello, merece mayor atención y mejor apoyo del que hoy se les otorga.
Desafortunadamente la situación actual no es promisoria. Las administraciones municipales, que deben subvencionar sus emisoras, no tienen la capacidad económica para erogar los gastos de funcionamiento, mantenimiento, derechos de concesión y uso del espectro de la banda. Dichas emisoras tampoco tienen la capacidad de obtener recursos por comercialización de pauta, situación que se hizo más grave, si en verdad perdieron el apoyo interesado de fuentes externas.
El Ministerio de las TIC ha otorgado 1.592 frecuencias, de las cuales 672 son comerciales, 626 comunitarias y 294 de interés público. Dentro de estas últimas, el Ministerio de Defensa cuenta con 65 emisoras fijas en AM y FM, las cuales operan como emisoras independientes, lo cual merma significativamente su capacidad de impacto. El número total de las emisoras se incrementará con las 31 que el gobierno otorgará a la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc), como producto de los acuerdos.
En este contexto, sería una buena solución que el Ministerio de Defensa recibiera las emisoras comunitarias que carecen de recursos adecuados y que, con las que ya posee, configurara una cadena radial. Esta red potenciaría significativamente su capacidad de interlocución con las comunidades e incrementaría su influencia en favor de la Seguridad Nacional, la gestión de riesgos y la sana convivencia. Bien sabemos que la institución militar no puede ser plenamente efectiva sin una interacción fluida y permanente con las comunidades, y que su reconocida competencia debe estar ligada a la pasión del pueblo y la sana voluntad del gobernante.