En búsqueda de la responsabilidad (2)
Se habla mucho de responsabilidad en relación con las atrocidades cometidas en Colombia; muchos consideran que las FARC-ep son responsables de todo.
Sin embargo, el tema no es tan simple. La cadena de responsabilidades por las atrocidades cometidas es más compleja. Claro que las FARC-ep son responsables; pero no son los únicos. La exploración de las responsabilidades por las atrocidades perpetradas será un difícil pero necesario camino que tendremos que recorrer. Habrá obstáculos, resistencias y saboteo.
Las atrocidades no fueron hechos aislados. La dinámica de violencia que tenemos que encarar no se explica por factores individuales (es decir, por disposiciones personales tendientes a la violencia); tampoco por la muy citada demencia, que suele acompañar a la violencia en forma de calificativo.
Las atrocidades respondieron a lógicas colectivas y a elementos circunstanciales. La indagación por los factores colectivos no anula las responsabilidades individuales por hechos particulares; vislumbra, sí, otra dimensión de la responsabilidad que explica porqué seres normales cometieron atrocidades. Sería más cómodo dar cuenta de monstruos y bárbaros, pero esa versión no es ajustada a la realidad.
Puesto en términos muy sencillos el estado de las cuentas en relación con las atrocidades perpetradas en Colombia es más o menos el siguiente. Las FARC-ep aceptan haber cometido (algunas) atrocidades; asignan justificación a algunas, y reconocen otras como excesos o aberraciones. En general, los máximos responsables de la organización aceptan la existencia de una dinámica colectiva en relación con la violencia y predican la responsabilidad organizacional. Todos son responsables, pero nadie en particular responde por todo.
En relación con las organizaciones estatales que participaron en dinámicas violentas, las cuentas son más difíciles. Inician por la negación oficial y literal de la existencia de las atrocidades. Aquí no pasó nada; los violentos son los otros. Al resultar incontenible la atrocidad, como pasó con los falsos positivos o las actividades paramilitares, se develan desviaciones de las políticas o de los protocolos organizacionales, y se brindan chivos expiatorios para que respondan. Este es el viejo cuento de las manzanas podridas en un pulcro cesto. En general, los máximos responsables de la organización se apartan de las transgresiones, niegan la dinámica colectiva detrás de la violencia y predican la responsabilidad penal individual de los transgresores. Cada quien responde por lo suyo; y no hay un todo por lo cual sea necesario responder.
Ambas versiones son simplificaciones; sin embargo, ilustran la complejidad del embrollo y la necesidad de que profundicemos nuestra reflexión en torno a la responsabilidad que tanto buscamos.
Parte de la clave está en la manera como nos aproximamos y descodificamos cada una de las versiones. Un aspecto que debería ser evidente es el prejuicio que acompaña nuestros juicios sobre la responsabilidad. En términos llanos (aunque la simplificación duela): las FARC-ep son los malos, y los del Estado los buenos. Las FARC-ep es una organización ilegal y por eso tienen que pagar; el Estado, como organización, no debe nada.
Esta línea argumental está soportada en conocimiento social aceptado. Ojalá fuera cierta; nos evitaría muchos dolores de cabeza y mucha contención. Sin embargo, estamos como estamos porque nunca hemos querido recorrer el camino de la responsabilidad colectiva en relación con las organizaciones estatales. ¿Será que en la búsqueda actual de responsabilidades podremos encontrar respuestas más profundas que la versión sobre la desviación humana? ¿O será que la atrocidad seguirá siendo dominio solo de los malos?.