Columnistas

En defensa de los cuentos de hadas

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26 de febrero de 2018

Había una vez una reina que odiaba los cuentos de hadas.. Tanto creció su frustración, que los prohibió. Decía que eran machistas y atentaban contra el espíritu de emancipación de la mujer. Ninguna princesa podría ser rescatada, ni mucho menos besada, no se admitirían historias que no tuvieran a las princesas haciendo lo mismo que los príncipes. De ahora en adelante princesa hechizada, tendría que solucionar su propio problema. Por orden de su alteza real quedaba anulada la magia.

Voy a dejar a su imaginación cómo termina el cuento, pero a pesar de que su estilo está planteado como una historia remota y fantástica no se aleja demasiado de lo que a veces siento que algunos plantean que sea nuestra realidad. En estos días la actriz Penélope Cruz señaló que no dejaba a su hija leer cuentos de hadas o que en su defecto cambiaba todos los finales para resaltar el papel de la mujer. Como madre de una hija comparto su preocupación, porque sí existe una realidad muy dura, de una cultura de “princesas” que le proponen a nuestras niñas pocas opciones de vida. Muchos de estos clásicos vienen de tiempos remotos en los que los códigos de la sociedad eran otros, pero estos libros no se limitan a una relación hombre-mujer.

Los cuentos de hadas tocan una multiplicidad de temas que van desde la lealtad hasta la muerte. Algunos tienen un mensaje específico pero en general son tan amplios como nuestra alma, y aunque a veces los temas y las formas de tratarlos no sean las más parecidas a nosotros, incluso en aquello que rechazamos hay una herramienta para la búsqueda del significado de nuestra vida y para ayudarnos a definir quiénes somos.

Tenemos el derecho y hasta el deber de dejar que nuestros niños sueñen y experimenten con los cuentos y con las historias. Es parte del proceso de desarrollo de la imaginación. Si nos gusta un final, si nos da miedo, si no estamos de acuerdo es válido tomar la pluma por propia mano y soñar una historia propia. Lo que está mal y es quizás uno de los peores errores que cometen padres, maestros y promotores es asumir que los niños van a tomar por cierto y al pie de la letra todo cuanto está en la historia, justamente el libro es la herramienta para que aprendan a discernir, a decidir por sí mismos. La lectura sirve para presentar distintas realidades y nos ayuda a contrastar con nuestro entorno.

Vivimos en una sociedad machista. Sin duda. La mujer no se ha liberado del todo. Si acaso poco a poco hemos ido ganando territorio como mujeres, pero aún nos quedan muchas batallas que librar. El machismo se ha instalado por muchas cuestiones que vienen desde hace siglos. Más que todo es una cuestión de poder. Las sociedades que controlan a la mujer, que la anulan como ser humano, ya controlan a la mitad de la población. Nada más con eso ya existen algunas razones. Los mecanismos han sido, desde los religiosos hasta los económicos, desde despojarla de sus derechos civiles hasta equipararla con valores como la virtud que la despojan de su humanidad. Como todo, la narrativa literaria tiene un rol, pero decir o pensar que el machismo es culpa de los cuentos de hadas, que si le contamos esos cuentos a nuestras hijas serán machistas es justamente tomarlas por tontas.

Prohibir libros es un mecanismo peligroso y autoritario. Viene del miedo, no de la libertad. Después de todo hay niñas y mujeres que sí quieren ser princesas y eso tampoco tiene nada malo. Al final es un error el que pretende un feminismo que quiere forzar una visión de lo que está bien para la mujer. Justamente nos queremos liberar de los roles impuestos, de las cadenas, de las obligaciones. Está bien que una niña no quiera ser astronauta y que quiera ser modelo, mostrar su cuerpo como ella lo decida, tanto como está bien que no quiera tener hijos y sueñe con descubrir la cura del cáncer. Los cuentos de hada son sólo una opción, acertada o equivocada según nuestra visión no se puede negar que están llenos de magia. La magia es un vehículo para soñar, e incluso como feminista sacaré mi espada y defenderé esos cuentos. Una niña inteligente y fuerte puede leer de todo.