Columnistas

EN SIRIA, LOS MÉDICOS SON
LAS SIGUIENTES VíCTIMAS

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24 de noviembre de 2014

Por

Leonard S. Rubenstein

www.nytsyn.com

“Trabajar en un hospital de campaña es como la muerte” nos dijo un médico en Turquía, donde más de dos decenas de profesionales de la salud estaban siendo entrenados. Como si no fuera suficiente atender a las víctimas del arma preferida del Ejército Sirio, la bomba de barril, ellos mismos con frecuencia son el blanco de estos terribles artefactos. La ley internacional debe proteger a los trabajadores de la salud que atienden a los enfermos o heridos. En Siria no: allá, junto con las panaderías y los colegios, uno de los lugares más peligrosos es un hospital o una ambulancia. Según Médicos por los Derechos Humanos, unos 560 trabajadores han sido asesinados y 155 instalaciones médicas han sido atacadas desde que empezó el conflicto; basado en nuestras entrevistas, estos cálculos se quedan cortos.

Desde el principio de la guerra, el régimen de Bashar Assad ha atacado a civiles y obstaculizado la ayuda humanitaria, incluso las vacunas para niños. Pero las cosas han empeorado en el último año. El regimen de Assad ha caído a niveles sin precedentes de barbarismo. El número total de heridos, según la Organización Mundial de la Salud, se ha elevado a 25 mil por mes.

El enfoque principal de la nueva estrategia es la bomba de barril, un tambor de petróleo lleno de explosivos, tornillos y chatarra, que usualmente dejan caer de un helicóptero. Las bombas explotan con una fuerza y amplitud tremendas, amputando extremidades y enterrando esquirlas en el cuerpo. Un médico que entrevistamos permanece horrorizado por la imagen de una madre y su hija cuyos cuerpos fueron destrozados mientras permanecían con las manos entrelazadas.

En respuesta a semejante barbarismo y en defensa de la nueva estrategia, los médicos locales, apoyados por unas pocas organizaciones no gubernamentales, han organizado hospitales en fábricas, granjas, casas, centros culturales, cavernas naturales y hasta gallineros para operar y ofrecer otros cuidados a los heridos.

El régimen, a su vez, ha empezado una brutal campaña para destrozar hospitales y asesinar a sus empleados. Está usando esas mismas bombas de barril y misiles en contra de hospitales de campaña y decenas de otros puestos médicos, así como ambulancias, para evitar que las personas busquen atención.

Cuando empezó el conflicto, el régimen decretó que el cuidado médico en cualquier área controlada por la oposición, que incluye a los manifestantes al igual que opositores armados, era una ofensa criminal, una posición que de por sí viola la declaración de la Convención de Ginebra que dice que está prohibido tocar al personal médico y sus instalaciones. De los 25 empleados médicos que entrevistamos, seis habían sido detenidos y encarcelados por supuestamente ofrecer dichos cuidados. Los ataques han expulsado a la mayoría de los médicos de Siria. En Aleppo, la ciudad más grande, sólo 13 cirujanos permanecen. Y a pesar de esfuerzos por parte de organizaciones humanitarias por suministrar materiales y equipos esenciales, el personal médico tiene que funcionar con escasez severa.

Pero cuando le preguntamos a los médicos el tipo de apoyo que necesitan, ellos no mencionaron la necesidad de más personal, equipos, descanso ni apoyo psicológico. Pidieron una cosa: poner fin a las bombas que caen del cielo para poder cuidar de sus pacientes sin temor a la muerte.

Los Estados Unidos tienen la capacidad de hacer esto. Pueden imponer una zona intercesora al norte y sur de Siria para permitir que los trabajadores de la salud salven vidas y que las organizaciones de socorro desarrollen sus labores. La administración de Obama presentó un gran caso moral y político para salvar al pueblo Yazidi en Irak y otras minorías amenazadas por el Estado Islámico, y movilizó a toda una coalición internacional para hacerlo. ¿Cómo puede ahora ignorar la matanza a la que está siendo sometida un grupo de personas mucho más grande en la misma región, incluyendo a los que cuidan de aquellos quienes han sufrido heridas complejas?

La brutalidad de las tácticas del régimen de Assad iguala la del Estado Islámico. Aleppo podría pronto estar completamente dominada por las fuerzas del régimen. La administración de Obama tiene que reafirmar el liderazgo americano y actuar para salvar a las personas sometidas a tan implacables ataques. Cuando el trabajo en un hospital de campaña se convierte en algo similar a la muerte, es difícil imaginar cómo la vida puede tener una oportunidad