En Venezuela el cambio depende varias continuidades
El gobierno de Maduro sigue su proceso de caída catalizado por su torpeza y empecinamiento en una ideología fallida, aunque no sabemos con certeza hacia dónde va a caer, a quiénes va aplastar su desplome y quién va a reemplazarlo.
La probabilidad que Maduro sea removido aumenta si el gobierno de EE.UU. toma acciones específicas que irresponsablemente aplazó el anterior, pero dicho cambio no será solamente el resultado de las acciones del Papa alcahueta, o de la OEA y la oposición que en general han sido tan incompetentes como la dictadura venezolana. La salida de Maduro podría ser el fruto de una negociación, no pública, entre el gobierno de Estados Unidos y sectores del chavismo que saben que Maduro está haciendo inviables sus intereses.
Pero esperar que dicha salida sea una transformación total y absoluta de los actores que detentan el poder en Venezuela es, aunque deseable, iluso. Un escenario probable de cambio de gobierno en Venezuela pasa por acuerdos previos que involucrarán a actores externos e internos, quienes estarán dispuestos a sacar al elegido de los Castro a cambio de que se aseguren ciertas continuidades. Las fuerzas militares de Venezuela, que están ganando millones de dólares con cocaína de las Farc, así como las élites de la bolicracia revolucionaria y los grupos paramilitares bolivarianos que dominan los barrios, no permitirán un cambio de gobierno que implique perder todos sus privilegios y mucho menos que el “nuevo gobierno” los enjuicie y expropie sus fortunas. Por eso el vicepresidente venezolano ya mandó su dinero y familiares a Brasil.
Ellos negociarían la salida del hombre que habla con pájaros a cambio de una transición lenta, probablemente de varios años, en la que se vaya reinstalando gradualmente la democracia pero sin verse perseguidos. Cambio a exigencia de continuidad.
Además de Cuba, a quien se le avecina una tormenta económica, hay que involucrar en esta ecuación a China y Rusia, que no están felices con un cambio en Venezuela y moverán sus palancas para asegurar ciertas continuidades.
China tiene considerables cantidades de dinero apostadas en Venezuela y no va a permitir que el “nuevo gobierno” ponga en peligro dichas inversiones y préstamos. Y Rusia, que estaría negociando el exilio de Maduro, va asegurarse que las cosas no cambien dramáticamente ni pongan en peligro la continuidad de los derechos mineros que han logrado conquistar. Por eso Rusia no quiere tener más a Citgo como garantía de sus multimillonarios préstamos a Venezuela y está intentando a cambio le adjudiquen más campos de gas y petróleo. Adicionalmente Putin, experto en involucrarse en conflictos de países que representan obstáculos para los EE.UU., como Siria, Corea del Norte, y Venezuela, sabe cómo convertirse en un actor clave que no puede ignorarse y debe ser convocado para su solución, pues a cambio de ello puede hacer exigencias a EE.UU. en otros asuntos como las sanciones que le fueron impuestas por la toma de Crimea.