Columnistas

Entre la soberbia y la humildad

Loading...
21 de noviembre de 2016

Uno podrá morirse y hasta renacer en quien sabe qué y probablemente no conseguirá el “equilibrio”. ¿Será posible alcanzarlo o es una tarea pretenciosa e inútil por inexistente?

Cuando era estudiante de Ingeniería estudié “Estática” como paso previo a estudiar “Dinámica”, materia maravillosa que me hizo sudar a pesar de tener un profesor genial y excepcional, Alberto Rodríguez García. En Estática aprendí el concepto de equilibrio, artificio que congela la realidad y permite supuestamente identificar a todos los actores de una circunstancia y hasta el peso de su participación. El artificio es tan ingenioso que la Economía, “ciencia” que navega en insondable incertidumbre al igual que la meteorología, buscando un salvavidas a su insoportable condición se apropió del instrumento e incluso, con más arrogancia, optó por creer que hay “equilibrios generales”.

Pero con los años y las canas aprendí que “el equilibrio no existe”, que es solo una ficción temporal pues la vida es una secuencia eterna de fugaces equilibrios que no permiten que caigamos, pero no por el equilibrio sino por la inercia de los acontecimientos.

Uno de los equilibrios difíciles de conseguir para todos los humanos es entre la soberbia y la humildad. ¿Dónde está el punto correcto? ¿Sera el “orgullo” la dosis adecuada?

Aunque a Nietzsche la soberbia le parecía una “virtud elevada de los seres superiores”, la hemos señalado como señal de insolencia y hasta el rango de “pecado capital” le han dado.

Como supuesto remedio para tan horrible pecado, nos recomiendan la humildad. ¿Pero hasta qué punto es buena e incluso se vuelve fastidioso y sospechoso el que se empeña obsesivamente en ella?

El escritor danés Aksel Sandemose en su novela “Un refugiado en sus límites” propuso una fórmula llamada por algunos como “La Ley de Jante” que podría combatir la soberbia, rasgo inaceptable en la cultura de los pueblos nórdicos según ciertos sociólogos. La receta de dicha ley, que debe espantar a los escritores y lectores de los libros de “Autoayuda”, dice: 1) No debes pensar que tú eres especial. 2) No debes pensar que tú estás a la misma altura que los demás. 3) No debes pensar que tú eres más listo que los demás. 4) No debes pensar que eres mejor que los demás. 5) No debes pensar que sabes más que los demás. 6) No debes pensar que eres más importante que los demás. 7) No debes pensar que eres bueno en nada. 8) No te rías de los demás. 9) No debes pensar que los demás se preocupan por ti. 10) No debes pensar que tú puedes enseñar algo a los demás. 11) ¿Crees que existe algo que no sepan los demás sobre ti? El dilema entre soberbia y humildad no es fácil. O sino pregúntenle a Juan Manuel, que se cree la vaca que más pasto tapa, aunque sabe que en realidad es con lo que la vaca tapa el pasto.