Columnistas

Epifanía

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08 de enero de 2017

¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? Vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo.

Celebramos hoy la fiesta de la Epifanía, la manifestación de la gloria y el misterio de Dios en Jesús, a toda la humanidad. En realidad, ¿qué celebramos? Pudiera sucedernos como a los magos, en el palacio de Herodes...buscando la luz en las tinieblas.

¿Celebramos, la leyenda que continúa con la llegada, de 3 magos? ¿La ocasión del regalo navideño, para países con esta tradición como España? Quizá todo esto, pero, puntualmente, seguimos celebrando el Misterioso encanto de la Navidad: Dios hecho hombre en Jesús, hijo de José y María. Respuesta de Dios, al misterio de nuestra vida.

Nuestra fe cristiana ha presentado a Jesús niño como “El Salvador”. Desde la experiencia Judía, es Emanuel: Dios con nosotros; pero hoy por hoy, judíos, cristianos y muchos más se preguntan: ¿Salvador de qué? ¿Por qué y para qué, una propuesta de salvación religiosa, al hombre de hoy?

Quizá nuestro mundo quiera sobrepasar ingenua y orgullosamente los límites de la religión. Pero lo que no puede sobrepasar, porque escasamente lo puede balbucear y barruntar, son los límites de Misterio de la vida humana. ¡Su origen, sentido y fin! ¡Su limitación y mal!, que va mucho más allá de su historia natural y por supuesto, más allá de los límites de la razón y de la religión.

Es el Misterio del hombre qué solo tiene espacio suficiente, en el Misterio de Dios; al que podemos acceder por la “Revelación, Manifestación, EPIFANÍA de Dios a la humanidad. Acercamiento de la “Salvación”; del Misterio de Dios al conocimiento, arte, técnica y magia de la naturaleza humana, que con dificultad se mueve en los estrechos límites de lo natural y físico, los límites del conocimiento y la razón.

Difícilmente el hombre, y menos hoy, desde su experiencia “simplemente religiosa”, en caso que el mundo la acepte..., puede experimentar el misterio interior de su vida, el Misterio de Dios.

La guerra y la paz; el desarrollo y la tecnología; el progreso y sus logros o manifestaciones, están bastante lejos de los linderos de la sabiduría del Espíritu, de la magnificencia del Misterio de Dios; que con todo, se revela a plenitud para toda esta humanidad, todos los tiempos, en la Encarnación, Natividad y Epifanía de Dios en Jesús, que continuamos celebrando en el día de hoy.

Detrás de lo que podemos ver-tocar-conocer, brota El misterio interior de la vida; del Espíritu de Dios; porque “lo esencial es invisible a los ojos” (Saint Exúpery), pero visible, desde la sencillez, humildad y pequeñez de un niño. El niño de Belén.

Los tres reyes Magos, invitan hoy como ayer, a todos, a los sabios de este mundo a caminar abiertos al Espíritu, al misterio absoluto de Dios. Busquemos el rostro de esa “sabiduría” que tanto necesitamos, en el rostro –estrella que se levanta- de los niños, aquellos pequeños y vulnerables, que ignoramos y violentamos, hoy.