Columnistas

EQUILIBRIO DE PODERES Y DOBLES DISCURSOS

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08 de marzo de 2015

Al firmar hace unos días un decreto que garantiza el financiamiento de la Rama Judicial, el presidente de la República se refirió a versiones según las cuales los magistrados del Consejo Superior de la Judicatura habrían acordado hacerle un “coqueteo” al Congreso para que ese ente no fuera eliminado, como consigna la reforma abanderada por el Gobierno nacional; entonces dijo: “hay versiones –y lo digo claramente– respecto a eventuales cortejos a los congresistas con ocasión del trámite de la reforma de Equilibrio de Poderes que incluye la eliminación de los actuales órganos de Gobierno del Consejo Superior “¡eso no puede ser y no puede admitirse!” (www.caracol.com.co 17-02-2015). Así lo confirmó el siempre protagónico magistrado Néstor Raúl Correa Henao (www.eltiempo.com/ 18-02-2015); y, en consecuencia, el ministro de Justicia solicitó investigar a los togados (www.elcolombiano.com/ 24-02-2015).

Por supuesto, de esa forma se debieran comportar siempre las autoridades si obran con claridad y le quieren dar ejemplo al país de cómo se debe actuar acorde con las reglas del decoro, todo en aras del buen gobierno. Sin embargo, ese hecho evidencia otra vez el doble discurso que anima al primer mandatario quien, hace apenas dos años y medio, después de sacar adelante un infecto acto legislativo de reforma a la justicia –negociado de forma pedestre con políticos y magistrados–, después “ordenó” su entierro de espaldas a la Constitución y sacrificó de forma ramplona al ministro de Justicia cuya salida, además, “lamentó” (www.eltiempo.com/ 22-06-2012). ¡Quien entonces pisoteó el orden jurídico ahora lo defiende!

Ese comportamiento no es nuevo; aquí algunos ejemplos: el clamoroso mandatario fue quien se responsabilizó de las operaciones para bombardear el campamento del reconocido terrorista “Reyes” en territorio ecuatoriano (“si hay un responsable por el bombardeo a ‘Reyes’ soy yo: Santos”, www.elespectador.com/-25-06-2011); ahora, sobre todo en sus discursos pronunciados afuera, se muestra como el más enconado defensor del Derecho Internacional. De igual manera, hoy condena la desaparición forzada porque es “una vergüenza para la sociedad” (www.semana.com/ 2-20-2015), sin embargo poco dijo cuando actuó como ministro de Defensa tras la malhadada hora de los “falsos positivos”. Además, llegó a la Presidencia (y, no se olvide, irrespetó la sabiduría de nuestras tribus indígenas guajiras, ante las que se posesionó de forma simbólica) con el caudal político de Álvaro Uribe Vélez a quien traicionó después de acompañarlo varios años; un muy buen ejemplo de deslealtad.

Luego, quien hoy dice detentar la moral pública, se hizo reelegir en el cargo después de realizar un festín con el erario que ascendió a varios billones de pesos con el cual “premió” a los miembros de la clase política; un notable derroche de “mermelada”, como diría el exministro Juan Carlos Echeverry, con el cual se endulzaron los bolsillos, se compraron votos y adhesiones, de la mano de un fementido discurso de la paz (www.elcolombiano.com/ 24-01-2014). De una concordia que todos esperamos anhelantes mientras se cocina, cada día, el derrumbe institucional, porque se negocia con quienes todavía nada quieren ceder a cambio. Y, para continuar, él mismo defendió a María del Pilar Hurtado el 5 de mayo de 2009 al calificarla de “chivo expiatorio” en el gravísimo tema de las chuzadas y, ahora, le ha dado la espalda (www.semana.com/ 2-02-2015).

El tosco estilo de gobernar es siempre igual: se embauca aquí y allá (ahora el desfile fue por España, con paloma de la paz cosida al saco y todo); y el pueblo, como ya sucedía en la vieja Roma, espera más pan y circo en el moderno Coliseo que cada día abre sus temibles puertas. Y, a quienes aman el Derecho y la Justicia, se les hace creer que esta será reformada y advendrán años en los cuales el imperio de la legalidad conducirá el aparato estatal hacia la civilidad; pero la verdad es otra: el picado poder judicial se mantendrá inalterado y los actores solo van a cambiar la vieja casaca. ¡Más de lo mismo! .