Columnistas

¡ESTAD SIEMPRE ALEGRES!

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14 de diciembre de 2014

Qué bello es este tiempo de Adviento y Navidad. Es curiosa y amable mezcla de Alegría y Nostalgia que refleja con claridad los sentimientos muchas veces encontrados del agridulce sentido de nuestra vida; cuando viviendo condiciones humanas muy duras, nos sentimos jalonados por la fuerza del Espíritu a redimensionar de forma alegre, hacia la bondad de Dios, todo lo que somos y hacemos.

Iniciando este año litúrgico, estamos igualmente, concluyendo el año civil y laboral. Sentimos la alegría por lo alcanzado en nuestros empeños y propósitos; al mismo tiempo vemos, no sin algo de frustración, desilusión, lo que no pudimos, no quisimos alcanzar, en el horizonte ampliado de nuestras relaciones.

Tiempo de balances en el que sentimos el peso de muchas contradicciones: la violencia generalizada, la exclusión y la injusticia, la falta de oportunidades, la guerra en medio de grandes esfuerzos por llegar al fin del conflicto y por supuesto la paz. Experimentamos aumentar el número de enfermos, infectados por diversas plagas contra la salud, física y social; la moral y el estado anímico y espiritual de muchos de nuestros hermanos más queridos, frágiles y vulnerables.

En medio de estos contrastes y tiempos agitados; la liturgia del Adviento-Navidad, nos invita a “parar un poco el ritmo frenético de nuestra vida”. Nos invita a mirarla apaciblemente y examinarla, pero en un marco claramente esperanzador, al darle paso y lugar en ella al amor más simple y elemental: el Dios-niño, que viene. Así lo canta, toda esta época, y particularmente las lecturas de este tercer domingo de Adviento: ¡Estad siempre alegres!

Muchas veces, por jugar a ser Dios, por entorpecer al Espíritu, por querer jugar nuestras posibilidades de forma poco limpia y transparente, por creer que todo lo podemos recargar de esa sórdida alegría, corrupta y mal intencionada, descubrimos que no podemos estar alegres, que no elegimos lo bueno y lo correcto para este mundo que ya no soñamos, pues lo hicimos al revés: lejos de Dios y del Espíritu. Esto nos hace recordar los tristes momentos de Israel, cuando en pleno exilio -como esta humanidad exilada y extraviada de su propio mundo- les pedían sus mismos captores que cantaran alegres a Yahvé. Igual, ¿Cómo estar alegres, cantar en nuestro mundo hoy?

Elemental y simple: estamos invitados a cambiar. A que la claridad y transparencia de este tiempo la pasemos a nuestras actitudes y obras, para que la vida y el mundo puedan ser distintos. A darle paso, en lugar de excluirlo, al Príncipe del amor, de la vida y la Paz. A la alegría de tener no la mejor ciudad y el mejor de los mundos en planes que resultan solo posibles para unos pocos...; porque hemos sacado –en los pequeños- al Dios hecho hombre del mundo. Con alegría y sencillez, aprendamos de Juan Bautista a no sustituir, negar a Dios, sino a ser sus testigos precursores veraces en el mundo.