Columnistas

Estamos con Venezuela

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27 de julio de 2017

Hay que apoyar a Venezuela o, mejor, al pueblo venezolano que ha arriesgado todo, que ha sufrido lo que es una dictadura comunista, que lleva más de cien días mostrando su inconformismo y en la búsqueda del regreso a la democracia. Ahora ese pueblo propone un paro cívico general para evitar la payasada de una constituyente que pretende perpetuar la dictadura que ha acabado con el país más rico de Latinoamérica.

Hay que estar con esa comunidad valerosa que sale a las calles a protestar por lo que están sufriendo, han puesto ya más de cien muertos en esas protestas pacíficas de su parte, pero con una respuesta de fuerza del gobierno que no tiene más argumentos que los gases y los fusiles. Los mercados con las estanterías vacías, la medicina ausente, el transporte nulo, los asaltos a los negocios frecuentes, la industria acabada, el hambre por todas partes. Ese es el panorama que se ve en nuestro país vecino. El país del nuevo mejor amigo de Juanpa (como le gusta que le digamos).

Es preocupante esa situación, como también es preocupante para quienes no queremos copiar de ese desgobierno; allá desconocen la Asamblea Nacional que ganó por mayorías en la votación del pueblo, aquí desconocen la mayoría que ganó el plebiscito y lo hacen violando la Constitución y las leyes de una democracia y hasta la palabra del primer mandatario. Lo último es de común ocurrencia, ya no nos debe extrañar. Allá se aterran por los presos políticos, aquí los hemos superado en número. En Colombia hay quienes están en la cárcel injustamente por sus afectos políticos y, en la cárcel también, quienes han defendido al pueblo con las armas del Estado y han sido leales al juramento de defender la Constitución, las leyes y la democracia. Son muchos los militares y policías que pagan y han pagado cárcel por su amor a la Patria. Es que cuando se quiere entregar el país a la subversión, a los asesinos, a los secuestradores, a los violadores de niñas, a los destructores de pueblos, a los enemigos de la democracia, los buenos y los patriotas estorban.

Allá la Fiscal sirvió mientras apoyaba al dictador, cuando aplicó de verdad las leyes empezó a ser traidora e indeseable. Aquí hubo un fiscal arrodillado, que prefería la salema hacia el Ejecutivo que cumplir con su deber en la aplicación de la legislación colombiana. Era bueno para el gobierno. Llegó un nuevo fiscal, un fiscal que aplica las leyes, es entonces un fiscal que estorba.

Allá la justicia lleva a la cárcel a quienes fueron elegidos por la Asamblea Nacional para las altas cortes, aquí cambian las altas cortes por la Justicia Especial Para la Paz (JEP) para que condenen a todos los que nos hemos opuesto a la entrega de la Patria a los subversivos.

Allá está que cae el dictador por un paro generalizado, que tiene menos de un treinta por ciento de opinión favorable. Aquí nos hemos aguantado a uno que tiene menos del veinte por ciento de opinión a su favor.

Historia, no opinión: hace sesenta años en Colombia cayó el dictador que tuvo que entregar el poder ante un paro generalizado.