Familias diferentes
Todo sería muy distinto si desde la familia se hablara a temprana edad y abiertamente sobre la homosexualidad, si la información que circula no dependiera solo de los medios de comunicación que dicen algo apenas se emite un fallo que favorece o afecta a la comunidad LGBTI. Sería bueno hablar sobre este tema sin tapujos y con mucho respeto hasta que en nuestro país, en nuestro continente, la homosexualidad sea algo tan normal como ser heterosexual, hasta que la unión de dos hombres o de dos mujeres sea tan bien vista como la constitución de una familia hetero.
Y hablo de esto porque mi mayor deseo como heterosexual es que mis amigos y desconocidos homosexuales puedan tener una vida tan tranquila como la que yo llevo, puedan llegar a sus casas, a sus trabajos con su pareja sin tener que dar explicaciones de su orientación sexual; puedan conformar una familia sin necesidad de dar peleas legales. A mí nadie me preguntó por qué yo nací hetero, ¿por qué alguien que nace homosexual tiene que justificarse ante los demás todo el tiempo? Ya es el momento de que esas preguntas incómodas que le hacemos a los homosexuales nos las hagamos nosotros mismos hasta que dejemos de creer que en ellos hay algo malo.
Pienso en esto porque en gran parte esta trasformación cultural tiene que darse definitivamente en los niños, en las personas que todavía no tienen ningún prejuicio en la vida. Un niño está lejos de discriminar y juzgar, si discrimina es porque está administrando la información que ha recibido desde su hogar, donde seguramente no faltarán los malos chistes, los comentarios desatinados de unos padres que no comprenden la diversidad y poco saben de respeto.
Por eso me parece tan interesante esa cartilla que está circulando en Chile: “Nicolás tiene dos papás”, una historia sobre la diversidad sexual y las familias homoparentales que podrán recibir las guarderías chilenas con el fin de disminuir la discriminación y eliminar los prejuicios que muchos tienen sobre este tipo de familias.
La historia, que fue producida por el Movilh (Movimiento de Integración y Liberación Homosexual) con el patrocinio de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji) y el Departamento de Psicología de la Universidad de Chile, ha tenido tanto éxito que los opositores ya están haciendo hasta lo imposible para que este cuento sea prohibido; tanto es así que recientemente la Corte de Apelaciones de Valparaíso declaró admisible el recurso de protección que presentó un padre indignado contra la Junji porque supuestamente este libro puede vulnerar la estabilidad psíquica de su hija de 3 años y da mensajes inmorales.
Nada más descabellado, seguimos amparados en los mismos engaños, porque este cuento lo que hace sencillamente es enseñar a respetar los distintos tipos de familia que hay en Chile y en todo el mundo y, como dijo alguien, educar a los niños en diversidad y en no discriminar siempre será positivo para nuestra sociedad.