Federico y Medellín, a ajustar el libreto
En la mira del alcalde Federico Gutiérrez Zuluaga siempre estuvo un blanco: sacar al crimen organizado, en todas sus variantes y superestructuras, de la zona de confort. Era claro que no se trataba de una tarea fácil y, mucho menos, mansa.
Batallar contra grupos que llevan más de un cuarto de siglo enquistados en los barrios, incluida esa jurisdicción dinámica y chispeante que se llama Centro de Medellín, significaba una campaña que ocuparía cada día, mes y año de la administración. Eso, además, con los riesgos de seguridad que implica para él y algunos de los miembros de su equipo.
Apenas al comienzo del año ya sabía el alcalde de un difuso plan criminal contra su vida que la Fiscalía Seccional no le había “cantado”. También empezó a empaparse en detalle del negocio multimillonario que manejan la bandas: microtráfico, extorsión-vacunas, comercio ilegal (contrabando, piratería), prostitución de adultos y menores, “vigilancia privada”, compraventa de repuestos robados, hurto de vehículos y a personas, tráfico de fauna, y siga...
El empeño en combatir esta fauna diversa iba a traer efectos: aumento de control y disputas territoriales, descenso de ingresos e incremento del desempleo criminal (“parce, los patrones no están pagando, entonces hay permiso pa’robar”), tensión en las relaciones superestructura criminal-agentes de seguridad corruptos, ajuste de cuentas a “sapos” y desertores, reorganización de bandas y negocios.
Cuando se le da una sacudida y se le quiere quitar el hueso a un pitbull muy poderoso, que está enseñado a comer echado, lo previsible es que enseñe los dientes, o que muerda, si ve en riesgo su comida y supremacía.
Por eso es clave que en paralelo a esa política de confrontación de las bandas, de sus dominios, de su organización, de sus rentas, de sus sociedades (y “portafolios ilegales”), e incluso de su influjo cultural y social, haya un plan de respuesta e intervención policiva y social in crescendo. Estrechar el cerco, los radios de acción y apretar las cadenas que tiran de esas superestructuras trae violencia, reacomodamientos e incluso fenómenos urbanos inéditos.
Es allí, en el diseño y la ejecución de una política que amortigüe el sacudón, en donde empiezan a detectarse debilidades. Se golpea e incomoda a un crimen que siempre estuvo en el sofá, ¿y qué respuesta hay a los efectos?
Hay que ponerse las pilas, alcalde Federico Gutiérrez, a la ciudadanía le queda difícil leer y entender estas dinámicas. A ella le inquieta la percepción de seguridad en su conjunto. Entonces, se debe tener un proyecto total y no dejar que las aguas negras se escurran por ahora para que, como lo enseña la historia de esta ciudad, después rebroten y en las calles todo empiece a tener el hedor de siempre.
Usted tiene la sensatez para atender la crítica y no tapar el sol con las manos, entonces ajuste el libreto.