¿Fin del crimen del oro blanco?
La buena noticia data de hace pocos días y es que el gobierno chino decidió el 30 de diciembre prohibir todo el comercio de marfil y materializar su firme determinación para fines del año 2017, todo ello a raíz de la presión concertada de los agentes de protección de la vida animal en África donde las matanzas organizadas de la población de paquidermos se había tornado incontrolable por las autoridades de las naciones afectadas.
Cerca del 70 % de todo el marfil que se extrae de los elefantes africanos va a parar a suelo chino. No es de extrañar, pues, que la población de paquidermos se haya reducido en un tercio en los últimos 7 años. La realidad es conocida desde hace al menos una década cuando comenzó una intensa campaña internacional desde Naciones Unidas y otras organizaciones ambientales por la defensa de los paquidermos. Desde entonces se tiene perfecta conciencia mundial de que la supervivencia de estos animales se encuentra en manos de los chinos.
Pero este no es el único tema de orden político, económico y moral en el que China ha decidido mirar hacia otro lado a pesar de los innumerables llamados a la sensatez de 17 países africanos que decidieron abrazar la causa exigiendo acciones concertadas y urgentes para salvar las manadas de elefantes diezmadas a lo largo de todo el continente por la voracidad china.
Naciones Unidas emitió hace un par de años una prohibición general sobre el comercio global de marfil. Pero la libra del “oro blanco” se seguía vendiendo a razón de 1.300 dólares gracias a la monumental demanda del gigante chino desde donde las artesanías de marfil son distribuidas al mundo entero. Solo a la demanda de los procesadores de lo que se ha dado en llamar la “joya orgánica “es atribuible la desaparición de más de 100.000 animales en los últimos años.
Esta determinante decisión del presidente chino en favor de la defensa de una causa planetaria es la consecuencia de un convencimiento entre los presidentes de China y Estados Unidos en el encuentro de alto nivel que tuvo lugar este año. Lo más significativo es que ella va unida a un plan que seguramente levantará olas en el país chino por la fortaleza de la industria, pero ella es demostrativa del compromiso que los gobernantes han asumido de cara a la humanidad.
El caso es que los elefantes solo pueden sobrevivir como especie si el esfuerzo contra los predicadores se convierte en una causa mundial muy activa que penalice y que castigue la práctica y el consumo ilegal, un asunto en el que los americanos, por su lado, ostentan la segunda batuta.
Un primer e importante gesto ha acompañado la toma de conciencia y la radical decisión de las autoridades chinas y fue así como se pudo observar en la prensa el solemne y determinante acto de la incineración de las instalaciones industriales de quienes se han dedicado, de manera subterránea al lucrativo procesamiento, talla y comercio de los dientes de elefantes.
Este primer y bilateral hecho debe ser respaldado por toda la comunidad internacional, ya que únicamente si se produce un cierre definitivo de la actividad comercial en China podrá revertirse la tendencia hacia la extinción. Los expertos apenas le dan 20 años de supervivencia a toda la raza de animales africanos si la situación continúa al ritmo conocido hasta el día de hoy.