FLACO FAVOR
No pertenezco a partido político alguno. Mi partido es Colombia. He sido fiel al juramento que a los dieciséis años hice cuando ingresé a la vida militar y que durante cincuenta y ocho años sigue siendo faro en mi vida, sin esguinces ni cortapisas. Agradezco a la institución militar el haberme brindado oportunidades excepcionales para crecer en la eticidad respirada en mi hogar, y desarrollar el pensamiento analítico y el juicio crítico constructivo. Ello no me impidió votar en la segunda vuelta por nuestro presidente, ni firmar en días pasados la carta enviada a Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, en defensa de la Jurisdicción Especial para la Paz y de los acuerdos de paz que comprometen al Estado colombiano. Un esfuerzo permanente por anteponer la racionalidad a la pasión.
Cuando me enviaron el borrador de la carta para mi consideración la leí con máxima atención y no dudé sobre su pertinencia y conveniencia para el país, aparte de juicios personales sobre las posiciones ideológicas de quienes posteriormente se pudieran sumar a tal declaración. Como lo expresé en mi respuesta, apoyarla era un dictamen ético inevitable. También comparto los argumentos expresados el martes en la noche por la congresista Juanita Goebertus, sin considerar que estuviese hablando en nombre de los partidos de oposición.
Volviendo al motivo de la carta, considero inconvenientes para el país las objeciones del presidente al proyecto de ley estatutaria de la JEP, porque solo sirven para avivar el fuego de la discordia, la polarización y la argumentación política, sin efecto positivo para la salud y buen futuro de la nación. Me parece que el gobierno de todos los colombianos está jugando para una parte de la tribuna, sin tener en cuenta al país que representa, ni a la sociedad que busca reconciliación y caminos diferentes al odio, la venganza y la intemperancia. Flaco favor el que hace el gobierno con estas actitudes a la conveniencia del país y de la Fuerza Pública, entendible solo a la luz de los cálculos políticos frente a las elecciones regionales de octubre.
Varias organizaciones internacionales ya expresaron su apoyo a la JEP. El Sistema de Naciones Unidas es contundente en su declaración, al afirmar que la JEP es el principal instrumento como parte del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición. A la vez, lamenta que, después de dos años de la firma del Acuerdo Final, aún no contemos con la ley estatutaria, hoy sujeta a objeciones por parte del gobierno.
Abonan esta posición los resultados de la encuesta realizada por el Centro Nacional de Consultoría, por encargo del Centro Democrático, según la cual el 40 % de la opinión pública era partidaria de aprobar la ley estatutaria, mientras el 25 % lo era de objetarla parcialmente y solo el 22 % de objetarla totalmente. La encuesta nos muestra que las mayores opiniones en favor de la JEP se encuentran entre población masculina, joven y residente en poblaciones pequeñas.
Pero el mayor peligro está en la carga de profundidad anunciada por el presidente Duque, referente al proyecto de acto legislativo, el cual sí podría volver trizas los acuerdos y regresar a situaciones que el mundo creía superadas en Colombia.
Como corolario, se avecinan tiempos de profundos debates, con incremento de la protesta social y perjuicio económico. Entonces, habrá que aplicar el poder blando, para que el clamor social se imponga.
A mis compañeros de armas que han expresado tan vehemente su desacuerdo con mi posición, les expreso mi afectuosa comprensión y la sugerencia de no pretender tomarnos la sopa con el tenedor.
*Miembro de La Paz Querida