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Frutas, ¿llegó la hora?

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04 de noviembre de 2016

A pesar de que desde principios de la década de los noventa se identificó que los sectores frutícola y hortícola constituían una alternativa productiva y exportadora de gran importancia no solo para el desarrollo de la agricultura colombiana sino para el progreso general del país, los avances en los mismos han estado muy por debajo de sus potenciales.

Diversos trabajos académicos y de especialistas han mostrado que no solo los mercados hortofrutícolas mundiales son de una significativa magnitud sino que la puesta en marcha de este tipo de actividades tiene amplios impactos favorables sobre el desarrollo de los territorios rurales por las transformaciones que ellas implican.

A pesar de que la política agrícola ha tenido un sesgo antiexportador, especialmente en el caso de los productos no tradicionales, en diversas regiones se han venido adelantando distintas iniciativas que han logrado algunos avances que, aunque muy limitados, constituyen una base sobre la que se puede construir un desarrollo más generalizado y profundo.

Al momento, al tiempo que la devaluación del peso constituye un estímulo para incursionar en los mercados externos, el país está urgido de ampliar sus exportaciones con el fin de reducir el déficit comercial que se tiene y que, según el Banco de la República, para finales del año, representará el 4,7 del PIB.

En el departamento de Antioquia, por ejemplo, el desarrollo del cultivo del aguacate Hass representa un avance en las actividades frutícolas de exportación. La perspectiva de que muy pronto se asegure la entrada del producto al mercado estadounidense deberá representar un estímulo muy eficaz para acelerar la expansión de esta actividad.

De igual manera, y como se señala en un artículo reciente del periódico El Tiempo, el departamento de Valle del Cauca está empeñado en desarrollar de manera competitiva el sector frutícola de exportación. Para ello está claro que se dispone de tierra adecuada en cantidad y calidad y que la caña de azúcar no representa una competencia, pues los suelos no son los indicados para este cultivo.

Uno de los renglones en que tienen fincadas sus esperanzas es el cultivo de la piña. Estimaciones iniciales hablan de una disponibilidad (en la zona comprendida entre el norte de Cauca y el Valle) de hasta 30.000 hectáreas. Este potencial se compara favorablemente con el área que Costa Rica, primer productor de piña a nivel mundial, dedica actualmente al cultivo y que es de 35.000 hectáreas.

Lo interesante de todo esto es que la dirigencia gremial del Valle del Cauca comienza a poner en perspectiva las implicaciones positivas que tiene el sector frutícola.

En particular, destacan la generación de empleo. Por ejemplo, una hectárea de uva ocupa cuatro personas de manera permanente. Para otros cultivos frutícolas la intensidad es menor.

También se tiene claro que no se trata solo de enviar el producto en fresco sino que existe la posibilidad de industrializar la producción. Como lo ilustra el caso chileno, la agregación de valor constituye un factor dinamizador del sector rural.

Esperemos que, frente a unas condiciones favorables, finalmente se concrete el tan esperado desarrollo frutícola exportador.