Fruticultura: potencial desperdiciado
En relación con la necesidad que tiene el país de potenciar sus exportaciones, y en especial las agrícolas, en días pasados, en el diario económico Portafolio se publicaron dos columnas de opinión que se referían a las oportunidades perdidas del sector frutícola en Colombia.
Mauricio Cabrera, por ejemplo, señalaba en su columna que “es absurdo que el país no haya aprovechado todas las ventajas comparativas que tiene para el desarrollo de la agroindustria frutícola”.
Por su parte, en un editorial del diario sobre la situación de la fruticultura en Valle del Cauca se señalaba que, frente a los potenciales existentes, la “diversificación es la ruta del futuro”.
En particular, se indicaba que “a pesar de que el Valle tiene una de las mayores producciones mundiales de azúcar, la rentabilidad del cultivo es inferior a otros productos”.
Para ilustrar este punto se trae a colación cómo “el valor de la piña cosechada en Costa Rica en solo 42.000 hectáreas es similar al valor de la siega de azúcar. Otro caso es Chile, que en 296.000 hectáreas sembradas de fruta genera un valor agregado de 5.000 millones de dólares, más de cinco veces lo que se produce en azúcar”.
Cabrera, por su parte, anota que “uno de los sectores con gran potencial exportador es el frutícola. El comercio mundial de frutas es muy dinámico: en la última década ha crecido a un ritmo anual del 8,4 por ciento y en el 2014 alcanzó la suma de 102.000 millones de dólares”.
El autor se lamenta, entonces, de que a pesar del potencial productivo y de las oportunidades que ofrecen los mercados, “fuera del banano, Colombia casi no existe en este mercado, pues en ese año solo exportamos otras frutas por 150 millones de dólares”.
Lo más paradójico de todo esto es que mientras en nuestro país prevalece la cultura del “no se puede”, otras naciones han sabido sacar gran provecho de las oportunidades existentes.
Este es el caso, como lo señala Cabrera, de “Polonia, España o Turquía, y en el vecindario dos extraordinarias historias de éxito son Chile y Costa Rica. Hace 25 años tampoco existían en el mercado mundial de frutas (aunque Chile ya tenía una presencia marginal) y hoy son actores principales”.
Con una clara estrategia exportadora, Costa Rica ha sabido convertirse en el primer exportador mundial de piña, con ventas por valor de 850 millones de dólares.
Más conocido a nivel mundial, el caso chileno es ejemplo de cómo se construye un verdadero clúster agroindustrial basado en exportaciones.
Este está constituido por una gran variedad de frutas (uvas, manzanas, duraznos, aguacates, nueces y otras 12 frutas). El área dedicada a estos cultivos es de 296.000 hectáreas y se producen 2,4 millones de toneladas.
Según Cabrera, las capacidades generadas y el impacto producido son de magnitudes importantes: 13.800 productores, 60 empresas procesadoras y 380 cámaras de frío que, en conjunto, generan cerca de 500.000 empleos directos y un millón de indirectos.
¿Será que la necesidad de divisas le abrirá la puerta al desarrollo frutícola? El Gobierno tiene la palabra.